Entrevistas

Entrevistas imperdibles / “En el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente”

“Uno de mis esfuerzos es desembarazarme del peronólogo y dedicarme a otros entusiasmos. Pero debo confesar que no soy muy disciplinado y de tanto en tanto vuelvo con una frase o con un libro sobre estas temáticas”, señala Juan Carlos Torre antes de comenzar la entrevista.
El “peronólogo” Juan Carlos Torre acaba de publicar Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo como parte de su larga obra de estudio de este movimiento político. El kirchnerismo se incorpora a la mesa de este ámbito de investigación social.Una entrevista imperdible para leer en vacaciones y repensar la política.

Graduado en la Universidad de Buenos Aires y doctor en Sociología por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales de París, acaba de dar a conocer Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo (Siglo XXI Editores), en el que reúne una serie de artículos sobre ese movimiento central en la vida política de la Argentina de las últimas siete décadas. Allí, examina los antecedentes de su irrupción y se pregunta por qué no existió un fuerte movimiento obrero socialista en el país; vuelve a indagar en la gestación del vínculo entre trabajadores, sindicatos y la figura de Juan Domingo Perón y analiza el resurgimiento del sindicalismo peronista como grupo de presión autónomo entre 1955 y 1976.

De esta forma, estos textos se suman a otras obras fundamentales como La formación del sindicalismo peronista, La vieja guardia sindical y Perón. Sobre los orígenes del peronismo. El gigante invertebrado. Los sindicatos en el gobierno, Argentina 1973-1976. También compiló otro libro esencial: Los años peronistas, 1943-1955, el tomo VIII de la colección Nueva historia argentina de la editorial Sudamericana, publicado en 2002.

En su despacho de profesor emérito de la Universidad Torcuato Di Tella, destaca que hay nuevas generaciones de investigadores que están trabajando con mucha fuerza sobre temas del peronismo. Y resalta que, en la última década, proliferaron trabajos que avanzan sobre aspectos del peronismo de los años clásicos que aún no habían sido contemplados, como los estudios sobre el desarrollo de este movimiento político en el interior.

Konex de Sociología en 1996 y el Premio Bernardo Houssay a la Trayectoria Científica en 2010, Torre ha sido profesor visitante en diversas instituciones de América latina y Europa, y obtuvo la Beca Guggenheim. Además de sus clásicos sobre el peronismo, escribió El proceso político de las reformas económicas en América latina.

LA ENTREVISTA

–Recién, antes de comenzar la entrevista, usted contaba que desde hace muchos años busca “desembarazarse” de sus estudios sobre el peronismo para poder abocarse a otras temáticas. ¿Por qué, sin embargo, el peronismo ejerce esa atracción que obliga a repensarlo una y otra vez, como lo demuestra la reciente publicación de su libro Ensayos sobre movimiento obrero y peronismo?

–Durante un tiempo, me dediqué al estudio del peronismo porque era “el” tema de la agenda de la sociología impulsada por Gino Germani dentro de la que me formé. Entonces, todas las preguntas giraban acerca de las condiciones del surgimiento de ese movimiento político que dividió en dos la historia política de la Argentina contemporánea. Como parte de la generación de sociólogos formada en los años sesenta, me ocupé de esa temática centrándome en la relación entre trabajadores, sindicatos y peronismo. Actualmente, hay nuevas camadas de investigadores que han incursionado en el estudio de los años clásicos del peronismo, me refiero al período 1945-1955. Gracias a ellas se ha avanzado en la exploración de aspectos que habíamos dejado de lado porque eran otras las preguntas que teníamos. Me refiero a aspectos que tienen que ver con la penetración del peronismo en las provincias y las políticas públicas y cambios sociales en los que se plasmó esa experiencia histórica.

–¿Esos nuevos trabajos lo han ayudado a repensar su obra?

–Quizá no soy muy justo con sus contribuciones, pero en líneas generales diría que no me han llevado a revisar la clave interpretativa en torno de la que formulé mi propia visión de la naturaleza del fenómeno político gestado en la decisiva coyuntura de 1945.

–¿Cómo describiría esa clave interpretativa?

–Por medio de ella he querido llamar la atención sobre un fenómeno de duraderas consecuencias, el sobredimensionamiento del lugar político ocupado por los trabajadores dentro del movimiento peronista. Es verdad que en los años cuarenta era previsible el mayor protagonismo del mundo del trabajo en una Argentina más industrial y urbana. Pero las contingencias de la vida política ampliaron su gravitación hasta el punto en que el propio peronismo terminó él mismo transformado. Señalo al respecto que el peronismo tal como fue concebido originalmente por Perón fue muy distinto del que finalmente resultó.

–¿En qué sentido fue modificado ese proyecto inicial?

–Tal como fue concebido en los tramos iniciales de la aparición de Perón en la vida pública, el peronismo era mucho más ecuménico, más abarcador, era el eje vertebrador de una gran coalición que reuniera vastos sectores de la nueva sociedad gestada al compás de las transformaciones de la época. Sin embargo, las vicisitudes de la coyuntura política, condensadas en la jornada del 17 de Octubre, le dieron un sesgo más obrerista. Puede decirse que, en su ambición, el peronismo se parecía a otros tantos movimientos nacionales y populares que se conocieron en América latina en los años 1940 y 1950, pero que se singulariza en ese universo por el peso formidable que tuvo la participación obrera organizada. De allí que la empresa política de Perón, que se proponía poner al país al abrigo de la agudización de la lucha de clases –un desenlace esperable si el Estado permanecía alejado, indiferente, a las cuestiones del trabajo–, terminó creando las condiciones políticas para la intensificación a posteriori del conflicto social.

–Usted señala que el peronismo original terminó siendo diferente del que se expresó luego con Perón en la presidencia. En ese sentido, podría decirse que ese proyecto inicial se pensaba como un movimiento más similar al del Partido Revolucionario Institucional (PRI) de México, en tanto amalgama de múltiples fuerzas sociales y políticas. ¿Qué similitudes y diferencias encuentra, tanto en su surgimiento como en su devenir posterior, entre ambos movimientos que hoy están en el poder en sus respectivos países?

–En primer lugar, el PRI es más incluyente de lo que terminó siendo el peronismo. Como dije, el peronismo inicial se proponía como una gran coalición social y política que, con eje en el Ejército y la Iglesia, aglutinara a las principales fuerzas sociales. La convocatoria de Perón no tuvo el alcance que esperaba. El mundo de los negocios no se avino a la propuesta de Perón de que era mejor sacrificar el 35 por ciento de sus privilegios a correr el riesgo de perder el ciento por ciento en un futuro cercano y cerró filas contra una política que ampliaba los derechos del mundo del trabajo. El PRI mexicano logró, en cambio, una gran amalgama de trabajadores, campesinos e, inclusive, de sectores empresarios. Por otra parte, la centralidad del liderazgo de Perón no tuvo correlatos en la trayectoria política del PRI.

–¿Cómo inciden esas diferencias en sus puntos de partida en sus respectivos desarrollos históricos?

–El PRI fue el fruto del acuerdo concertado por la clase política que hizo la revolución mexicana, la cual, para poner fin a la violencia suicida desatada en sus filas por los liderazgos en disputa, decidió hacer un pacto que reguló la sucesión en el poder. El peronismo, en cambio, nunca logró resolver el problema de la sucesión porque fue la obra de un hombre. Este es el segundo e importante contraste, porque el peronismo es un movimiento con un fuerte liderazgo personalista y el PRI es una máquina política articulada a partir de una regla clara de sucesión. Pasando ahora a sus semejanzas, diría, en primer lugar, que ambos movimientos tienen en común un fuerte arraigo popular. En segundo lugar, otra de las semejanzas es su gran ductilidad ideológica. Tantos años en la gestión del gobierno de México le dieron al PRI la cintura necesaria para saber cambiar el paso cuando se modificaban las circunstancias históricas. A lo largo de su trayectoria, el peronismo ha sabido también cambiar el paso frente a los desafíos nuevos que le puso la contingencia histórica. Perón fue el primero en acomodarse a las circunstancias cuando, sobre el final de su segunda presidencia, estuvo dispuesto a archivar su retórica nacionalista para abrir el país a las empresas petroleras extranjeras. Sus sucesores tendrían un espejo en el que justificar sus virajes. En un caso y en el otro, sobre el telón de fondo de ciertos principios generales muy vagos, que admiten interpretaciones coyunturales, los virajes han estado a la orden del día. Es decir, en algún momento, la lealtad al PRI equivalía a estar en contra del mercado y en otros estar a favor. Desde el retorno democrático en 1983, el peronismo en el gobierno supo conjugar el verbo del mercado y el verbo del Estado. En definitiva, esta ductilidad en materia de políticas ha convertido a ambos movimientos en un partido de todas las estaciones.

–Entre sus contribuciones se destaca el intento de calibrar la verdadera dimensión de los aportes de la vieja guardia sindical en el surgimiento del peronismo. En esa línea, usted destacó además sus dificultades para producir una agenda propia con Perón en el poder.

–En el momento de la irrupción de Perón existía una clase dirigente sindical que respondió a su convocatoria, y sirvió en un comienzo para hacer de puente entre el jefe militar y el mundo del trabajo en expansión, a la vez que ofreció sus capacidades en materia de organización a los nuevos obreros. Sectores de esa vieja guardia sindical pretendieron actuar con cierta autonomía con respecto al emergente líder popular. Fue un intento que no tuvo mucho alcance, porque, en rigor, bien pronto sus seguidores respondían más a Perón que a esos dirigentes. En esas circunstancias, la bandera de la independencia política perdió sustento porque significaba quedarse fuera de la gran fiesta que se estaba montando con Perón en el gobierno. Solo un puñado de ellos mantuvo una actitud de rebelión, pero conocieron muy rápidamente el ostracismo. Ahora bien, si puede decirse que en términos políticos el proyecto laborista terminó en un fracaso, con una perspectiva de más largo plazo de esa experiencia quedó algo muy importante: un movimiento obrero que mantuvo una personalidad diferenciada dentro del vasto movimiento reunido alrededor del liderazgo de Perón. Y esa personalidad diferenciada, a la que Perón debió darle un lugar también distintivo al crear la rama sindical, va a acompañar de allí en más al movimiento peronista, hasta convertirse, en los años oscuros de la proscripción, en la columna vertebral del peronismo. Es difícil encontrar movimientos en América latina de perfiles parecidos al peronismo que tengan que convivir con una vertiente sindical tan consistente. Y que además sea una fuente de conflicto sobre la conducción de esos mismos movimientos.

–Precisamente, muchas veces se ha reiterado ese conflicto entre los líderes sindicalistas y los dirigentes peronistas que están en el gobierno. ¿Por qué, sin embargo, nunca se terminó de consolidar un partido sindical o laborista?

–En realidad, deberíamos preguntarnos por qué las fuerzas peronistas no se amalgamaron en una unidad y por qué, a lo largo de su historia, fueron el ámbito de sectores sociopolíticos diferenciados. Es decir, la ideología peronista que recubrió a todo ese gran movimiento no tuvo, a mi juicio, una densidad tal que los reconvirtiera a unos y a otros en algo distinto de lo que eran. De modo que vamos a tener sindicalistas peronistas, políticos peronistas, jóvenes peronistas, pero cada uno reteniendo una identidad propia. Así, el peronismo se ha convertido más en un adjetivo que en un sustantivo. Y, a la vez, eso explica la recurrencia con la que los distintos sustantivos reunidos bajo las banderas del peronismo confrontan entre sí. O sea, no es que el peronismo no se volvió un laborismo, sino que tampoco se volvió un movimiento político unificado. El peronismo mantuvo un estado de no fusión de las distintas vertientes que supo congregar. A lo largo del tiempo, eso ha sido un ámbito de conflictos sobre la identidad del movimiento: por ejemplo en los setenta, cuando se esbozó un peronismo socialista, o como ocurrió más de una vez en la puja entre dirigentes políticos y dirigentes sindicales.

–¿Usted consideraría al peronismo como una suerte de amalgama o trama que no dota de una identidad fuerte a sus partes?

–El peronismo no es un comunismo. La densidad ideológica y cultural de los movimientos comunistas es muy intensa: se podría decir que los que entran al comunismo se vuelven comunistas, cualesquiera sean sus marcas de origen. Pero los que entran al peronismo siguen siendo lo que eran antes de su ingreso. Como esos principios de identidad previos no se borronean o caducan, existe siempre en las filas del peronismo un estado de efervescencia que tiene con frecuencia mucho que ver con esos orígenes diversos nunca cancelados. Hace poco Hugo Moyano se hizo eco de ese estado de cosas al proclamar, frente a una presidente elegida por el peronismo, que llegará el momento en que sea un dirigente obrero quien acceda a la presidencia en nombre del peronismo.

–Pocas semanas atrás, un gobernador peronista me planteaba que la sucesión iba a venir del propio peronismo, porque los obstáculos que hay que sortear para sobrevivir dentro de ese movimiento generan ciertas aptitudes para sobrevivir luego en el mapa más amplio de la política argentina.

–Por supuesto que sí. Sin embargo, para que esa competencia se resuelva con una alternancia a partir del propio peronismo, la oposición debe continuar en este estado de bancarrota en el que se encuentra. Ciertas veces, el litigio dentro del peronismo abre la puerta a una irresponsable división de sus filas. En 1999, por ejemplo, asistimos a una derrota autoinfligida a causa de las rivalidades entre Carlos Menem y Eduardo Duhalde. No fue un triunfo de la Alianza. Hoy en día estos juegos están habilitados por el escaso peso electoral de la oposición. Pero si sigue tirando demasiado de la cuerda, no hay que descartar sustos políticos, porque en los últimos tiempos se han estado incubando fracturas importantes dentro del peronismo.

–¿Por qué podría suceder eso?

–Uno podría decir que en el peronismo hay un alma permanente y un corazón contingente. El alma permanente está alimentada por principios rectores que hacen a los valores tradicionales del peronismo, como el nacionalismo, el estatismo, la justicia social, la protección social… Sobre ese telón de fondo, la conducción del peronismo se sintoniza con el clima de época bajo la inspiración de su corazón contingente. Sea porque ese clima de época se eclipsa, sea porque se cometen errores políticos, la estrella de ese peronismo contingente puede perder su brillo. En estas condiciones, se activan los reflejos del peronismo permanente para ofrecer una nueva oferta a fin de continuar en carrera y seguir siendo el partido predominante en Argentina. Tengo la impresión de que en la actualidad estamos asistiendo a los prolegómenos de este ciclo peronista. Ya ocurrió con el menemismo, que fue el perfil del peronismo contingente gestado en el contexto de la hiperinflación de 1989. Hoy el kirchnerismo, que es el perfil del peronismo contingente surgido de la hecatombe económica y política de 2001, está siendo confrontado con una oposición desde adentro de las filas del propio movimiento. A la vista del panorama que tenemos por delante, cabe preguntarse por el legado de casi una década de gobierno con el signo K. Ya sabemos que las consignas por mercado de la temporada menemista se diluyeron sin dejar huellas. Qué decir de las capacidades de este nuevo peronismo contingente de inspiración kirchnerista para perdurar más allá de la oportunidad histórica que supo aprovechar. Tomemos un ejemplo: la versión K de los derechos humanos y uno de sus emblema, Hebe de Bonafini. Al respecto, recuerdo un incidente en la campaña electoral con vistas a las elecciones de 1983: en un acto en la cancha de Atlanta organizado por el PJ, las Madres de Plaza de Mayo debieron retirarse en medio de la hostilidad de los que asistían y que veían en los retratos de los desaparecidos el rostro de los infiltrados condenados en su momento por Perón. En un movimiento en el que los conflictos políticos del pasado conservan la vitalidad de siempre, nos lo ha recordado hace poco la reapertura del dossier del asesinato de José Ignacio Rucci. No sería una sorpresa que el eventual retorno del peronismo permanente ponga en cuestión la versión kirchnerista de los derechos humanos.

–¿Por qué muchas experiencias, desde el retorno de la democracia hasta la fecha, intentaron proponerse como una suerte de “superación” del peronismo? Me refiero, por ejemplo, al cafierismo o el menemismo.

–No creo que haya habido en esas experiencias una voluntad de superar al peronismo. En realidad, una y otra buscaron recrear al peronismo y ponerlo en sintonía con el momento histórico de la época: la llamada renovación peronista con Antonio Cafiero a la cabeza, para hacer del peronismo un movimiento con una dinámica política de corte democrático y disputarle esa bandera al radicalismo; la experiencia de Carlos Menem, para gestionar desde el peronismo los vientos del neoliberalismo. El peronismo se recrea de forma permanente para estar a la altura de los tiempos. Uno de los problemas que enfrentan los partidos políticos es la coherencia.

–¿En qué sentido?

–Un partido demasiado coherente está condenado muchas veces a dejar pasar su cuarto de hora. Los partidos deben tener, preservando un núcleo duro de lealtades, la cintura suficiente que les permita ofrecer una oferta electoral competitiva. Es decir, deben poder capturar las demandas que están en la agenda de época a los efectos de sumar a su electorado propio otras fuerzas que le brinden el plus necesario para prevalecer electoralmente. Para eso, se requiere una buena dosis de agnosticismo en materia de políticas; en otras palabras, una gran flexibilidad para, como dije, saber cambiar el paso.

–De ese modo, ¿lo que usted señala como un “posperonismo” para designar el proyecto kirchnerista sería, en realidad, un nuevo peronismo?

–A falta de palabras mejores, cuando hablo de un posperonismo me refiero a la promesa de un peronismo nuevo en su orientación ideal y en su contextura, que fue alumbrada como proyecto por Néstor Kirchner en 2005, cuando señaló que el ciclo histórico del peronismo tal como lo conocíamos hasta entonces estaba acabado. Menem no trató de hacer otro peronismo: se limitó a hacer un viraje en sus políticas públicas y no buscó transformar la dirección y la trama de sus instrumentos de acción. Me parece que ahora sí existe la intención de superar al peronismo. Adonde antes teníamos al movimiento obrero y la liga de gobernadores, ahora tenemos a Unidos y Organizados, los movimientos sociales y la juventud camporista, que son la expresión de la tentativa de regenerar las ramas secas del pejotismo y de la burocracia sindical. En el contexto de una oposición institucional debilitada, lo que tenemos en el centro de la vida pública es la ambición de este proyecto posperonista y la reacción previsible de ese peronismo permanente, custodio de las veinte verdades enunciadas por Perón, que se resiste a entrar en la historia.

–¿La ruptura del kirchnerismo primero con el duhaldismo y ahora con el moyanismo debe interpretarse en esa línea?

–Tengo esa impresión. Cuando observamos los nombres de los que están haciendo banco en las filas del peronismo, hay figuras que no ven con ojos entusiastas este proyecto posperonista, que amenaza con prolongar su marginación política y están esperando su turno para rescatar el sello justicialista y ponerlo a salvo de las vicisitudes de la experiencia K. Aquí, en este escenario, se está jugando el campeonato del futuro político inmediato del país.

–Al principio de la entrevista estableció ciertas similitudes y diferencias entre el peronismo y el PRI. ¿Considera que el peronismo podría convertirse en una maquinaria electoral que supere las tensiones que están a la orden del día y regule su propia sucesión similar al PRI, ya ahora a casi cuatro décadas de la muerte de su líder y fundador?

–No tengo ni idea. Estamos ante una caja de Pandora: nos sorprende siempre.

La trama de “Néstor , la historia de un militante”


“Hacer la película era más bien un desafío, y a mí me gustan los desafíos. Asumí que iba a ser una película polémica aún antes de que se viera, pero estoy contenta, tranquila con el corte final”, precisó la directora al PRIMER DIARIO DE POLITICA DE CATAMARCA

PAULA DE LUQUE ASEGURA QUE FILMO SU MIRADA SOBRE EL EX PRESIDENTE,  NO PRETENDE QUE SEA LA OFICIAL/La cineasta afirma que le resultó un compromiso “abordar la figura adorada y querida por millones de personas” y que por eso le puso una atención especial “a no herir a la familia, a no poner la cámara donde pudiera doler”.

Cuando Jorge “Topo” Devoto y el diputado Fernando “Chino” Navarro le ofrecieron, en su carácter de productores, dirigir una película sobre Néstor Kirchner, después de que la que había realizado Israel Adrián Caetano no los convenciera, Paula de Luque se sintió muy honrada de que hubieran pensado en ella.

Lo primero que pensé fue: '¿Por qué una película sobre Néstor? ¿Qué tengo yo para aportar cinematográficamente a la figura de Néstor?'", sostiene Paula de Luque, la directora de Juan y Eva que se asume como “kirchnerista, a mucha honra” y que fue la encargada de llevar a cabo el documental sobre Néstor Kirchner impulsado por el diputado provincial Fernando "Chino" Navarro y el publicista Jorge "Topo" Devoto (que crearon la productora Tochineki SA, nombre compuesto por las vocales de ambos y las del ex presidente).

En ese momento, la cineasta se preguntó por qué filmar una película sobre Néstor Kirchner, un político tan abordado por el periodismo televisivo, pero aclara que “sin desmerecer el lenguaje de la tele, es un medio que utiliza el trazo grueso, porque trabaja sobre la noticia, sobre el día a día”. Su largometraje, pensó en ese momento, debía tener, obviamente, lenguaje cinematográfico. Con el correr del tiempo, a la directora de El vestido y Juan y Eva se le fue aclarando el panorama respecto de cómo y por qué contar esa historia.

“La peli tiene un argumento, pero yo la cuento con herramientas del documental, porque no es un documento ya que no está tratado con una cámara equidistante que solamente mira aquello que sucede. Es imposible no involucrarse. Y están mi mirada y mi postura y hay otras miradas y otras posturas, porque se trata justamente de mi propio tiempo”, confiesa la realizadora, quien también reconoce que si bien les pone “garra” a todas sus películas, en este caso fue un compromiso mayor “abordar la figura adorada y querida por millones de personas”. Y le puso una atención especial “a no herir a la familia, a no poner la cámara donde pudiera doler”. “No quise ser invasiva ni ponerme a mí por delante del personaje”, expresa De Luque.

–Este documental nació a partir de la muerte de Néstor Kirchner. ¿Buscó que se llenara de vitalidad al establecer un recorrido por su historia?

–Sí, exactamente. Busqué que no fuera un obituario, que no fuera del orden de llorar la muerte. Creo que los que lloramos la muerte de Néstor no necesitábamos que yo hiciera una película para seguir machacando con golpes bajos porque es una forma fácil de hacer llorar al público. Aparte, el cine es presente perpetuo, en el sentido de que lo que está sucediendo en la pantalla es ahora y no es mañana ni ayer. Si bien muchos testimonios que me han dado señalaban: “Ahí se sentaba”, “Ahí estaba”, yo evité la silla vacía. Evité todo lugar que él ocupaba y que ahora está vacío porque me parecía del orden del golpe bajo, no solamente para el público sino para la familia. Por eso, estoy muy agradecida de que la Presidenta haya notado mi respeto. Estoy agradecida y duermo tranquila porque se trata de su familia y con eso no se juega. Más allá de las creencias políticas, para la familia, Kirchner es una persona de su sangre. Y con eso no se juega ni se especula.

–Juan y Eva y Néstor Kirchner, ¿tienen en común que las dos abordan a los personajes históricos alejados del mito, como humanos que eran?

–Sí, creo eso. De igual modo, es tan vigente el debate sobre kirchnerismo y antikirchnerismo en este escenario político que es imposible que no se cuele. No siento que tenga la obligación de ser equidistante, independiente y neutral a tal punto de hacer un documental de observación –que ahora está de moda y que me dejaría bien parada con ciertos críticos– sobre algo tan presente, tan vigente y que ha tocado mi propia vida y la de todos mis contemporáneos. No soy neutral porque soy una directora de cine. Tengo este oficio, no soy periodista. Entiendo que el periodismo tenga que ser más objetivo porque es inherente informar, pero yo soy una directora. Y siempre hay una mirada: la única realidad es la subjetividad. Por supuesto que hice una película con mi mirada, como hice una película con mi mirada sobre el amor en El vestido, que no le influye en la vida a nadie. Entiendo que los antikirchneristas no se tienen que sentir ofendidos porque no los ataco.

–Si Juan y Eva era ante todo una historia de amor, la de Juan Perón y María Eva Duarte, antes del nacimiento del peronismo, ¿Néstor Kirchner es la historia de un militante?

–Sí, es la historia de un militante. También es la historia del amor, porque creo que Néstor entregó su vida por el amor a su propia causa. No digo que se murió por eso, que no es lo mismo. Se murió porque tenía un problema en el corazón, pobre. Pero creo que forzó su cuerpo hasta el límite y entregó todo lo que tenía a esa causa. La verdad es que no especuló. Puede haber habido errores. No soy quién para decirlo, porque hacer una película sobre Néstor no me eleva a la categoría de historiadora ni de analista política. No tengo estatura para eso. Soy una ciudadana, me dedico al cine y desde mi obra hago una película, como Fito Páez –diferenciándome de él, a quien no le llego ni a los talones– hizo una canción sobre Maradona. Humildemente, es mi versión sobre Néstor. Y no pretendo que sea la versión oficial sobre Néstor. Por eso digo que nadie me bajó línea. De igual modo, agradezco que guste.

–Antes de comenzar a filmarla, le dijo a este cronista que usted quería “que sea una película del pueblo”. Con el documental terminado, ¿cree que ese deseo puede ser una realidad?

–Lo que pasa es que el escenario cambió desde que yo empecé a hacer la película hasta ahora. En ese momento, declaré eso en el sentido del pueblo que amó a Néstor Kirchner. El pueblo somos todos. De los que amamos a Néstor y de los que no lo aman también se compone el pueblo. Y, en ese sentido, sostengo que es una película para el pueblo porque el pueblo, como el público, no es un concepto estático sino dinámico, y está compuesto por miles y miles de miradas, por suerte, diversas y subjetivas. Creo que hice una película para todos, en el sentido de que aquellos que no estén de acuerdo la pueden debatir, también.

–Es cierto que usted siempre dijo que no es una película sólo para kirchneristas. ¿Cómo imagina la recepción en general, a qué aspira y cuál es su deseo?

–Mi deseo es que la vea la mayor cantidad de gente posible, como cada vez que hago una película. Mi deseo es que a la película le vaya bien. Si dijera otra cosa, sería una mentirosa o una arrogante. Ojalá que le vaya bien. Tampoco es algo que esté en mis manos. Soy honesta conmigo misma porque hice la película que quería hacer. No hice una película especulando para quedar bien con unos y con otros. Hice la película que a mí me parece. Mi punto de vista está expuesto. Y después, también estoy acostumbrada, porque me dedico al cine, a que a algunas personas les guste y a otras no lo que uno hace. Y forma parte del juego.

–Hablar de la historia de Néstor Kirchner es también hablar de una parte de la historia del país. Tal vez por eso pueda ser vista por personas que no adhieran a sus ideas, ¿no?

–Claro, que no adhieren al kirchnerismo y, a lo mejor, personas a las que no les interesa la política. Conozco mucha gente de otras profesiones que son súper buena gente y que, por ahí, no están tan informados o que no están tan ligados a lo social, o que no tienen una postura tomada y que han venido a la avant première y les gustó mucho. Han disfrutado mucho. Y también pensando en las nuevas generaciones, porque son chicos que por ahí no saben. También me puse en los zapatos y en la mirada de un extranjero, aunque la gente de América latina conoce más. Pero, ¿quién era Néstor Kirchner? Esto lo pueden contar miles y, después, cada uno saca su conclusión. Porque libros sobre los personajes públicos hay un montón y también miles de miradas posibles. Esta es una mirada sobre Néstor. ¿Quién era Néstor? Bueno, ésta es mi mirada sobre Néstor. Por eso digo que no tiene una equidistancia del orden de lo periodístico.

–Los grandes medios se dedican sistemáticamente a atacar a los artistas que coinciden ideológicamente con este gobierno como si eso fuese inmoral. ¿Cree que puede pasar algo así en su caso o es algo que no le preocupa?

–No es que no me preocupe: me hago cargo de los costos. Todo tiene un costo en la vida; si uno es neutral, también tiene un costo. Uno es una construcción de sí mismo. Y yo me fui comprometiendo y asumo ese compromiso. El límite es la agresión personal, porque del lado del antikirchnerismo, se me cae la mandíbula de asombro al ver que no responden con argumentos políticos sino con insultos. Ahí no dan ganas de contestar porque no es una discusión. Ahora, si me insultan directamente a mí, la verdad es que me duele. ¿Qué necesidad hay de hacer doler porque no pensamos igual? No soy arrogante. Digo, si no insulto a nadie, ¿por qué me insultan en Twitter? ¿Qué necesidad hay de hacerme doler? Si aquellos que me insultan quieren hacerme doler, les digo públicamente que lo logran. A mí me duele cuando me insultan, porque yo no insulto a nadie. Simplemente digo lo que pienso en un país libre.

–Al ver tanto material sobre Néstor Kirchner para realizar la película, ¿cambió su mirada en algo, se potenciaron sus convicciones?

–Sí, se potenciaron completamente las convicciones acerca del personaje porque ratifiqué un montón de cosas. Entrevisté a mucha gente para hacer esta película, a la familia y a gente incluso cuyo testimonio después no quedó. También a su maestra de primer grado, de la que quedó un pedacito. Y los testimonios y una investigación muy grande dan cuenta de quién era Néstor antes de ser presidente. Todo me fue ratificando que Néstor gobernaba como era. Y está el tema de llevar sus convicciones al límite. Es que hay que sentir el viento del sur en el cuerpo. Viajé al sur no solamente para entrevistar gente sino para sentir ese viento en el cuerpo. Es fuertísimo. O te voltea o te hacés más fuerte.

–El paisaje es una referencia también a su lugar, porque aparece muchas veces. Y vacío, no como alguien lo transita…

–Es la subjetiva de un viaje. Por eso, alguna tomas están hechas en subjetiva de modo tal que no veamos la ausencia. Quería una película llena de vida, como era Néstor.

Laclau, el intelectual más influyente de Cristina /”Es antidemocrático que la gente no tenga la opción de reelegir”/ Intendente K-atamarqueño en Córdoba

Ernesto Laclau ha desarrollado a lo largo de su vida intelectual una notable carrera académica que lo convierte en el teórico político argentino más importante a nivel global.Es un intelectual clave para entender el populismo. Apoya la reelección indefinida y dice que Cristina va por buen camino. Considera al kirchnerismo como “posperonismo”.

Medio centenar de intendentes y decenas de empresarios cordobeses, compartieron con Laclau y funcionarios nacionales y de las provincias de la Región Centro un encuentro con marcado acento K, donde quedó establecida una agenda común en las áreas de economía, desarrollo social, trabajo y turismo, entre otras.El único intendente kirchnerista invitado por su par de Villa María Acastello, fue el de Icaño Pío Carletta.

“La calidad de los panelistas y sus exposiciones, y la conclusión final en el sentido de que en la Región Centro y en la Argentina todos podemos seguir creciendo en el marco de los planes Agroalimentario e Industrial 2020, fueron de lo mejor de la jornada”, dijo a los enviados especiales a Córdoba de DIARIOCALCHAQUI.COM , Víctor Gigena.
Gigena es el titular de la Dirección Nacional de Pre Inversión del Ministerio de Economía de la Nación, que organizó la jornada. Entre otros, pasaron por el estrado ubicado en los altos de Dinosaurio Mall de Rodríguez del Busto el filósofo Ernesto Laclau,  el subsecretario de Pymes y Desarrollo Regional del Ministerio de Industria de Nación, Andrés Elgarrista; la subsecretaria de Desarrollo Turístico de la Nación, Valeria Pelliza; la titular de la Regional Centro de Anses, Gabriela Estévez; el director ejecutivo de Casa Patria Grande “Néstor Kirchner”  Pablo Vilas , la secretaria de Relaciones Institucionales de Entre Ríos, Sigrid Elizabeth Kunath y el Presidente del Centro de Estudios Estratégicos del Mercosur, Sergio Leonardo Ribecco.
Intentando que todos estuvieran cómodos pudo verse al “anfitrión” Euclides Bugliotti, quien departió con otros empresarios y con jefes comunales presentes, como Juan Manuel Pereyra, de Villa Dolores,  Sergio Conejo, de Salsipuedes y Pío Carletta de Icaño (Catamarca).

Carletta (intendente de Icaño) y Accastello (intendente de Villa María-Córdoba) comparten experiencias productivas e integran la agenda de la Región Centro con Catamarca

Laclau y Ribecco  coincidieron en destacar virtudes del proyecto que se lleva adelante en Argentina, y que le está permitiendo al país sortear una severa crisis internacional como nunca antes lo había conseguido.
Elgarrista sostuvo que “el Gobierno de la Presidenta (CFK) está implementando políticas públicas que permiten que esta crisis internacional no nos golpee como a otras regiones”. Indicó además que “en Argentina hay 7,2 por ciento de desempleo con tendencia a la baja; el mejor índice de desempleo de los últimos 20 años, gracias a esas políticas que han permitido nueve años seguidos de crecimiento, con la creación de más 5 millones de nuevos puestos de trabajo”.
“La idea es generar más puestos de trabajo, profundizar el modelo de sustitución de importaciones y aumentar el valor agregado”, añadió. Valeria Pelliza indicó que “el año pasado hubo más de 6 millones de turistas que generaron más de 5 mil millones de pesos”.
“El turismo está cuarto en la grilla de actividades económicas más importantes detrás de la producción sojera, la industria automotriz y la extracción de gas y petróleo… Entre 2003 y 2011 se incrementó en un 56% el turismo dentro de Argentina”, apuntó.
Pablo Vilas consideró que “para la prosperidad de América latina es necesaria la unidad de nuestras ciudades, para sortear esta crisis internacional, que es una crisis del neoliberalismo”.

LA ENTREVISTA CON EL GURU DE CRISTINA

Está contento con el presente del país y se le nota en la cara. Hace muchos años que Ernesto Laclau viene elogiando al gobierno de Néstor Kirchner, primero, y al de Cristina Fernández, después. Esa adhesión le valió la etiqueta de “intelectual kirchnerista”. Sin embargo, reniega del título de gurú del movimiento y prefiere hablar de coincidencias con el proyecto político.

Autor de una obra de gran influencia en la discusión posmarxista, Laclau ha escrito por los menos dos libros fundamentales: Hegemonía y estrategia socialista , junto con Chantal Mouffe, y La Razón populista , un texto en el que libera a la noción de “populismo” del lastre negativo que tenía en la teoría política tradicional.

Nacido en la Argentina en 1935, Laclau vive en Londres. Esta semana presentó en la Universidad Católica de Córdoba la revista Debates y combates , que él dirige.

–¿Cómo ve el país en este momento?

–Lo veo realmente bien. Hubo algunos tropiezos, pero son de coyuntura. La serie de medidas que el Gobierno nacional ha tomado a lo largo de los años, pero últimamente también, como los derechos humanos, la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Identidad de Género, junto con las medidas económicas que han aplicado un modelo que va en contra de la política de ajustes y que han culminado con la nacionalización de YPF, indican que la Argentina está en un buen momento. Hay algunos economistas de prestigio internacional, como Joseph Stiglitz y Paul Krugman, que hablan muy positivamente de la Argentina, y nuestra imagen en Europa también empieza a cambiar, porque están en un proceso de ajustes cuyo centro es Grecia pero que ha producido duros efectos en otros países.

–¿Por qué defiende la reelección indefinida?

–Porque creo que cuando toda una serie de reivindicaciones históricas han cristalizado alrededor de un cierto nombre, si ese nombre es desplazado, existe la posibilidad de que el statu quo del sistema vuelva a reconstruirse a partir de esa imposibilidad de continuidad. En Brasil, por ejemplo, es evidente que a la gente no le gustaba que no hubiera reelección de Lula y la votaron a Dilma Rousseff porque era la candidata de Lula y parecía una continuidad. Por ejemplo: en las encuestas, preguntaban a la gente: ¿cuál de los candidatos es el que tiene más claras las ideas respecto de la economía brasileña?, y la gente contestaba “José Serra”, ¿quién ha tenido una gestión de estado mejor?, “José Serra”, ¿quién tiene una visión más clara del papel de Brasil en el mundo?, “José Serra”, ¿por quién va a votar?, “por Dilma”. Era la continuidad de Lula.

–¿El peligro de esa continuidad no es generar nuevos statu quo?

–Hay ese peligro. Pero la política, como decía Lenin, es caminar entre precipicios. Hay peligro de que se genere un nuevo status quo, pero hay peligro también de que se regenere un viejo statu quo si se da esa ruptura de continuidad. Y yo creo que es muy antidemocrático que la gente no tenga la opción de reelegir por un impedimento institucional. En Europa, los primeros ministros –excepto en Francia, que es un cargo no electivo– pueden ser reelegidos indefinidamente en la medida en que sus propios partidos confirmen sus liderazgos y en la medida en que la gente los vote. Y nadie habla de que hay un peligro antidemocrático.

–Usted afirmó que el desafío del kirchnerismo era salir de la matriz histórica del peronismo. ¿El gobierno de Cristina está avanzando en esa dirección?

–La matriz histórica del peronismo es muy variada y compleja. Del peronismo salió Kirchner, pero también López Rega. No se puede hablar de una matriz unificada. Es más: en la distintas épocas del peronismo, esta fue cambiando. Yo creo que ciertos temas del peronismo, por ejemplo el nacionalismo económico, que desapareció durante los años en que gobernó Carlos Menem, han vuelto a aparecer, pero al mismo tiempo el proyecto kirchnerista tiene un carácter mucho más radicalizado que el peronismo histórico. Podría hablarse de “posperonismo”, pero eso no es dejar atrás al peronismo sino desarrollar líneas internas.

–¿Ve diferencias entre Néstor y Cristina o entre el kirchnerismo y el cristinismo?

–Veo pocas diferencias. Hay una insistencia mayor en la política de Cristina en el desarrollo de las organizaciones juveniles, pero no son diferencias sustanciales. Si hubiera vivido Néstor, quizás él también habría emprendido esa ruta.

–Ahora que integrantes de La Cámpora tienen tareas administrativas y no sólo políticas, ¿no corren el riesgo de desgastarse por los problemas de la administración?

–No creo que por el momento eso sea un problema. Yo no tengo la bola de cristal, pero lo que me parece es que no sólo La Cámpora, también el movimiento Evita y otras agrupaciones están tratando de desarrollar esa nueva línea de acción, que es mucho más radicalizada de lo que existía en el kirchnerismo anteriormente.

¿En qué sentido son más radicalizadas?

–En el sentido de que están más cerca de un proyecto de izquierda del que podrían haber representado Daniel Scioli o José Manuel de la Sota.

–En términos de gestión, ¿cuáles serían los contenidos de esta nueva izquierda?

–Una izquierda del siglo 21 tiene que partir de un proyecto emancipatorio distinto clásico. Ese estaba exclusivamente basado sobre las clases sociales. La teoría marxista clásica era una teoría acerca de la homogeneización creciente de la sociedad. Decía que el desarrollo capitalista iba a destruir las clases medias y el campesinado y que el final de la historia iba a ser la confrontación entre una masa proletaria homogénea y la burguesía. Pero ha ocurrido lo contrario, hay una heterogeneidad mayor y eso otorga al momento de la articulación política una prioridad que no tenía para el marxismo clásico.

–Entre estos nuevos movimientos colectivos, hay dos temas claves en la agenda del kirchnerismo. Uno es el de los pueblos originarios y otro el de los antimineros. Usted dijo respecto de los indígenas que no eran un problema central…

–No quise decir que no fueran centrales, lo que quise decir es que en la Argentina la situación es distinta que en Bolivia, donde hay comunidades que son la directa continuación de los pueblos originarios. En la medida en que están presentes en la Argentina, son un factor que hay que tener en cuenta.

–¿Y en el caso de las manifestaciones antimineras?

–Yo también las apoyo en sus reclamos contra la minería a cielo abierto.

–Usted ha señalado que uno de los problemas del país es la falta de una oposición. La pregunta es: ¿cómo podría armarse esa oposición si significantes como “seguridad”, “republicanismo”, “paz social”, “liberalismo” están bastardeados?

–No lo sé. Es un problema para la oposición encontrar una solución. No es que yo tenga que ponerle el relleno a la empanada de algo que no es mi proyecto. De todos modos, es claro que si hay una oposición que se está formando es una oposición mediática. Los partidos políticos hoy tienen mucha menos influencia como polo opositor que los medios. Y eso es una constante que se da a lo largo de toda América latina.

–Eliseo Verón dice que la Presidenta necesita un enemigo y que los medios le hacen el juego. Él propone que difundan noticias neutras y descriptivas y así se acabaría el supuesto antagonismo.

–Yo no estoy de acuerdo. En primer lugar, no creo que pueda haber una información neutra. La información siempre construye discursivamente los hechos a los que se refiere. Por otro lado, es verdad que un discurso de tipo populista o popular va necesariamente a interpelar a los de abajo frente al poder o sea que va a tratar de dicotomizar a la sociedad en dos campos. Y eso se puede hacer con buenos o con malos objetivos. Pero llegar a una situación en la cual la frontera interior de lo social desapareciera me parece una utopía irrealizable y además no deseable.

–¿Ernesto Laclau es kirchnerista o el kirchnerismo es laclausiano?

–Son cosas completamente distintas. Ciertos medios dicen que yo soy el gurú de los Kirchner o cosas así. Yo a Kirchner lo vi una sola vez en mi vida, cuando me dio el Doctorado Honoris Causa en San Juan, y a la Presidenta la he visto dos o tres veces. O sea que no es una relación fuerte. Pero sí tengo muchos contactos con el kirchnerismo.

– Antes de que Cristina asumiera su segundo mandato, usted dijo que el vicepresidente Amado Boudou era un excelente cuadro. ¿Sigue sosteniendo lo mismo?

–Bueno, a Boudou lo conozco muy poco, una sola vez lo vi, y hablamos en un acto. De todas maneras, aquella respuesta fue dada en el contexto de la pregunta “si desapareciera Cristina, ¿alguien podría reemplazarla o el movimiento desaparecería?”. Yo en esa ocasión dije que hay elementos como para que se dé una continuidad política. Lo mismo sucede en Venezuela, no creo que la desaparición de Hugo Chávez o su retiro del poder por enfermedad pudieran significar el fin del movimiento. Ahí se ha desarrollado toda una red de movimientos sociales alrededor de las misiones que ha constituido una infraestructura de sociedad civil mucho más poderosa que la que existía en la década de 1990. Eso ya crea una continuidad.

La foto con Macri sacude adentro y afuera de la UCR / Pernasetti dijo que están en deuda con el PRO

Pernasetti :"Hoy el Frente Cívico no existe "

El auditor General de la Nación, Horacio Pernasetti, opinó sobre la polémica  visita de los cinco intendentes radicales catamarqueños al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, manifestando que “no creo que detrás de esto esté Oscar Castillo”. Asimismo dijo que “no tiene significación política querer sacarse una foto con Macri, más allá de eso para mí no tiene trascendencia política”.

En ese sentido, Pernasetti señaló que “la preocupación mayor es fortalecer la Unión Cívica Radical y después buscaremos con quién nos aliamos. Mientras tanto tenemos problemas nuestros que resolver”.

“El radicalismo puede tener una estrategia provincial con el Frente Cívico. Hoy el Frente Cívico no existe porque es una alianza que se hace para las elecciones y tiene que constituirse antes con los partidos con los cuales haya acuerdo”, aseveró. Al tiempo que agregó: “En este momento puede haber acuerdo con el socialismo, con el PRO, con quien sea a nivel provincial, pero eso no quita que ese acuerdo se repita a nivel nacional. De hecho el PRO últimamente apoyó en Catamarca al Frente Cívico, pero el radicalismo no lo apoyó a Macri”.

Por otra parte, señaló que no le interesan las declaraciones de los oficialistas diciendo además “que se preocupen por gobernar”. “Los radicales tenemos nuestros problemas, que vamos a tratar de resolver, así que no se metan en las cuestiones nuestras”, agregó.

Entrevistas del Finde/ Angel Mercado & Ambientalistas

El ministro de Producción de la provincia, Lic. Ángel Mercado, ratificó que “el gobierno tiene las puertas abiertas al diálogo” sobre la realidad y expectativas de la minería catamarqueña, pese a que el dirigente antiminero de Tinogasta, Darío Moreno, adujo el “mandato de una asamblea” para no concretar el encuentro que ambos habían acordado. “Es más, nunca las cerró (a las puertas para dialogar)”, enfatizó el funcionario.

El frustrado encuentro fue seguido por el periodista tinogasteño, Jorge Varas, de FM Acuario, quien tras la malograda reunión entre Mercado y Moreno pudo dialogar con el funcionario provincial. Lo que sigue es el texto de la entrevista que el ministro de Producción brindó al mencionado colega.

P. Estuvimos juntos en el hotel  cuando iba a tener un encuentro con un señor (Darío Moreno) que representa a los ambientalistas, antimineros y demás, y ahí me enteré que le dieron a Ud. un mensaje de que no iban a estar presente, porque una asamblea le dijo “no al diálogo”. Ahora estamos saliendo en vivo, ¿cómo lo toma Ud.?

AM. La verdad que fui con muchas expectativas a responder a esta demanda permanente por parte de este grupo de gente que me merece el mayor de los respeto, en procura del diálogo para lo cual algún buen amigo intermedió. Acordamos que iba a ser en el hotel, donde nos vieran todos, porque estas cosas no se deben hacer a las escondidas, y a mí me pareció que era una excelente oportunidad para demostrar a la comunidad (de Tinogasta) que estaba viviendo un festejo tan lindo (por el 299° Aniversario de la demarcación de sus límites) con mucha participación popular. Tuve por un momento la certeza de que lo podríamos coronar con éxito, como ponerle la frutilla a la crema, si la gente ve que la demanda de diálogo de este grupo de personas es atendido por un ministro de la provincia.

Y ciertamente, fuimos con mucho optimismo, pero en el medio me entero que hubo una asamblea que, por alguna razón que desconozco, el amigo Darío Moreno no iba a concurrir.

A mí, como primera reflexión me queda, que si hay que hacer una asamblea para dialogar estamos en problemas, porque el diálogo no se declama, directamente se practica; no es para andar pregonándolo, sino para concretarlo, sobre todo porque los problemas se resuelven y se solucionan desde el diálogo.

En nuestro caso, desde el gobierno no necesitamos un permiso legislativo, ni autorización para hablar, porque todo lo que tenga que ver con diálogo es saludable, desatar las ataduras que nos impiden seguir caminando es bienvenido.

Lo que no entiendo es qué mecanismo interno, o que sistema tan novedoso es el que regula a esta asociación, que para hablar, de una circunstancia tan humana como la de sentarse a tomar un café, donde yo pueda decirle: “mirá Darío, nos conozcamos las caras, yo te escucho con atención todo lo que tengas para decir…”; pero si para eso tenemos que hacer una asamblea me parece que estamos en una suerte de burocracia incomprensible.

De todos modos no me voy a inmiscuir en la vida interna de este grupo, y puedo afirmar, por suerte, que por vocación y por convicción, nunca hacemos un expediente para hablar con nadie, como tampoco necesitamos permisos, ni leyes. Sencillamente, había una demanda de diálogo y ahí fuimos, pero lamentablemente nos quedamos sin hablar porque no hay diálogo si una de las partes no lo quiere.

¿Qué le hace pensar a Ud. el hecho de no querer hablar, por parte de los antimineros?

En principio los iba a escuchar, partiendo de la base de que este grupo de gente pide ser escuchado. Ellos se acercaron a la gobernadora, ella los escuchó, les recibió su petitorio, aún cuando discrepo del sentido de la oportunidad para hacer esto. Pero cómo no íbamos a hablar en un ámbito más tranquilos, sentados…; pero ahora, la verdad que no entiendo la negativa a dialogar. El primer pensamiento que se me viene a la cabeza en este momento, y Dios me perdone si es que estoy equivocado, es dudar de la vocación de diálogo, porque si se le da la oportunidad y no la aprovechan, uno tiene derecho a dudar.

La oportunidad para el diálogo está, yo como todo el gobierno tenemos las puertas abiertas para Darío Moreno, así que espero que alguna vez, alguna asamblea decida que dialoguemos y así lo haremos. En primer término habíamos planteado eso, un diálogo sin condiciones, de igual a igual, entre ciudadanos que pueden tener sus diferencias, pero como estoy seguro desde ambas partes queremos lo mejor para Catamarca, para Tinogasta, para nuestros hijos. De tal manera, que en ese sentido no creo que entre Darío y yo tengamos diferencias sustanciales.

Creo sí, que se ha desperdiciado una buena oportunidad, que hubiera sido una hermosa postal, un hermoso gesto para la población de Catamarca, y de Tinogasta en particular, el hecho de que nos vieran hablando, que era la demanda de este grupo de gente.

P. Le confieso que me acerque, porque iba a tener la primicia del acuerdo, o al menos del acercamiento entre el gobierno y la gente del ambientalismo.

AM. Yo también soy ambientalista, pero no le embromo el trabajo a nadie con mis ideas, esa es la diferencia que tengo con estos amigos. La expresión de mi ambientalismo, como mis ideas políticas, tiene como límite el derecho de los demás, sobre todo cuando se trata del derecho al trabajo.

P. Pero a pesar de todo, ¿las puertas están abiertas?

AM. Nunca estuvieron cerradas, pero reitero dos no hablan si uno no quiere. No esperen un expediente, ni una carta documento invitando al diálogo, eso tiene que surgir por generación espontáneo, por la simple voluntad de entenderse.

P. La Sra. Gobernadora tuvo expresiones muy contundentes con relación a la minería; el tema del uranio está, definitivamente, dejado de lado.

AM. En eso tengo en claro, que mas allá cualquier requisito legal, ambiental o lo que sea, ninguna actividad minera puede llevarse a cabo sin la licencia social, y está claro que la comunidad de Tinogasta no adhiere a la idea de explotar el uranio. Además, si yo fuera tinogasteño pensaría exactamente lo mismo, porque creo que lo que se ha tratado de hacer en Tinogasta no es un proyecto de explotación minera sino literalmente una tropelía. Así que comparto absolutamente la visión, el enojo, porque creo que tienen todo el derecho del mundo de estar enojados.

La gobernadora lo ha dicho en forma clara, así que no sé qué parte de esa frase contundente hay que aclararles a estos amigos; pero lo concreto es que no existe ningún proyecto minero en el municipio de Tinogasta.

P. Sr. ministro, finalmente le agradezco esas lágrimas en sus ojos cuando se acordó de su niñez en Tinogasta.

AM. Es que yo guardo un recuerdo muy lindo de mi niñez aquí. Nosotros éramos muy pocos, acá no teníamos familiares, y hoy me encontré con vecinas que me cuidaron de chico, con las que hoy tuve la oportunidad de reencontrarme.

Todo esto que describía (el intendente) Hugo Ávila, del recuerdo de la Tinogasta pujante de aquella época, es algo que yo vi, no me lo contaron, de manera que esperemos salir de estas cuestiones anecdóticas que nos están ocupando hoy las energías, para volver a esa Tinogasta que yo conocí , y quisiera, como seguramente Ud. también aspira, que las generaciones nuevas conozcan.                            

Entrevistas del Finde/ Daniel Filmus : “Quo Vadis Educación”

Publicó un libro que recupera las discusiones en torno de la Ley Nacional de Educación de 2006, cuando era ministro del área. Qué falta hacer en las escuelas argentinas. Las enseñanzas de Kirchner y un debate con Lanata.

Daniel Filmus tiene cara cuadrada, maciza, como de labrador del oriente europeo. De feld mentch, de un campesino que habla en idish. Y al hablar en castellano, por supuesto, el senador Filmus usa mucho la palabra “entonces”. Eso, probablemente, sea una herencia de su carrera académica, que lo llevó a la dirección de la Faculta Latinoamericana de Ciencias Sociales antes de que fuera seducido por la política. El actual senador por la Ciudad de Buenos Aires consuma probablemente ese tesón de hijo de inmigrante judío y el método y la lógica del estudio universitario.

En su quehacer actual, se ha convertido en referente de la discusión por la Ley de Glaciares y dice ser uno de los que más sabe en términos de reciclado y tratamiento de la basura, un asunto alejado de la reyerta de temas de la vieja política, pero contemporáneo y muy vital para las megaciudades.

Todas las noches, Filmus escribe (en la actualidad trabaja en el prólogo del nuevo libro de nuestro director Sergio Leonardo Ribecco “Los Nuevos Desafíos del Mercosur” con quien el ex-Ministro de Educación compartió la batalla por volver a la enseñanza de las “Ciencias Duras” ). Fruto de ese esfuerzo son dos libros. Uno de próxima aparición por Eudeba, Crisis, transformación y política en América Latina, en conjunto con los profesores de la cátedra de Sociología que tiene en el CBC de la Universidad de Buenos Aires desde 1985. El otro fue escrito en conjunto con Carina Kaplan, Educar para una sociedad más justa. Debates y desafíos de la Ley de Educación Nacional (Aguilar), que recupera para la memoria pública el proceso de discusión social que generó entre mayo y diciembre de 2006 el proyecto de la norma que reemplazaría a la del proyecto neoliberal menemista, la Ley Federal de Educación del ’93.

Por entonces, Daniel Filmus era Ministro de Educación del gobierno de Néstor Kirchner. Con aquella iniciativa generaría una de las modificaciones más trascendentes para el régimen democrático realmente existente. Con el acompañamiento de su gobierno, la Ley Nacional de Educación (LEN) fue discutida a lo largo y ancho del país. Desde mayo a diciembre de 2006 “participaron millones de personas y 700 organizaciones”, desde escuelas, universidades y sindicatos docentes hasta comunidades originarias, empresas e instituciones religiosas. Fue importante como proceso que inauguró un modelo de convergencia plural y democrática que después sirvió a los proyectos de ley de comunicación audiovisual y de matrimonio igualitario.

“Para mí, la política trata de poder articular una concertación, porque el consenso no existe. Concertar es acordar sobre un núcleo básico de ideas que permita que la sociedad avance. Prefiero ganar perdiendo en algún punto, que perder y no avanzar nada.”

Así habla el senador en la sala de reuniones de su despacho del cuarto piso del Congreso. El decorado abreva sin disimulos en la pasión futbolera que aprendió en su infancia en el barrio de La Paternal. Mientras que las oficinas de otros senadores anuncian sus nombres en la puerta con un cartel de bronce, Filmus tiene un fileteado que culmina en el escudo del Club Atlético San Lorenzo. Apenas se entra, se ve un pupitre pintado enteramente de los colores del “cuervo azulgrana”. A la izquierda, un mástil de escuela sostiene la bandera de los de Boedo. En la sala donde ahora entra y nos recibe hay una foto con el ex presidente brasileño Lula da Silva sosteniendo una camiseta de su equipo. Le proponemos tomarnos un tiempo para hablar de educación, de su trabajo como senador, de los temas pendientes en la ciudad de Buenos Aires, por la cual fue candidato en 2001 a la Jefatura de Gobierno. Filmus desecha ir al acto de un ministro nacional porque tenía comprometido el tiempo para esta entrevista. Y empezamos por el principio.

–Su debut como ministro de Educación había sido ir a negociar con Kirchner a los tres días de asumir a Entre Ríos por el conflicto salarial docente. ¿Algo de la experiencia política de esa jornada trascendió en el tiempo?

–Fuimos a Entre Ríos un lunes. El viernes había conocido a Néstor. El momento del domingo a la noche es el que inspira la dedicatoria de este libro: “A Néstor Kirchner, quien amplió los horizontes de lo posible también en el ámbito de las políticas educativas. Por todo lo que me enseñó”. Quizá la principal enseñanza fue la de esa noche. Había siete provincias que no pagaban en forma, algunas ni siquiera pagaban. Entre Ríos no había comenzado las clases; las otras estaban en paro. Entonces lo voy a ver para contarle cuál era la situación y cuáles eran las alternativas para resolverlas, que pasaban porque la Nación se hiciera cargo de una deuda que tenía la provincia. Le dije que había hablado con Marta Maffei, entonces secretaria general de la Ctera, que me había ofrecido crear las condiciones para que fuéramos a negociar. El tema también era que la provincia aceptase nuestra intervención. Creo recordar que eran 70 millones de pesos. “Está bien, los tenés”, me dice. “Si pagamos esto, te quiero advertir que las otras seis provincias van a pedir la misma salida”, le respondí. “Bueno, decime de una vez, cuánto es todo”, me dijo. Creo que eran 250 millones de pesos. “Bueno, lo tenés”, me repitió. Salgo de la oficina y ahí mismo me encuentro con (Roberto) Lavagna, que era ministro de Economía. Así que volví a entrar y le dije: “Mirá Néstor, perdóname, pero afuera está el ministro de Economía. ¿Le comento?” Estaba acostumbrado a que, en general, el jefe de Gobierno te decía que sí, y usaba al ministro de Economía para que jugara el rol de malo. Entonces, me mira y me dice: “Danielito, el Presidente soy yo”. La verdad es que ahí me cambió la cabeza, porque fue ampliar el horizonte de lo posible. No sé si estaba o no la plata, pero hubo una decisión política para que estuviera. Ese es el gran aprendizaje que me dejó Néstor.

–Déjeme traerle algo de actualidad. En el último programa de Jorge Lanata en Canal 13 se advertía que había un 50% de chicos que no termina la secundaria. ¿Eso es así?

–Él toma el dato del 2001. Le respondí en el programa de radio de Víctor Hugo al día siguiente. Por los datos del 2010, estamos entre el 62 y el 63%. Somos el tercer país de América latina. Vos tenés siempre chicos que siguen estudiando después. Lo que pasa es que en muchos países la secundaria es de cuatro años; en Argentina tenemos de cinco y de seis. Pero como hay un porcentaje alto de repitencia en Argentina los chicos terminan recibiéndose entre los 19 y los 20. Tomando año por año la cohorte que va de 20 a 25, te da que estamos arriba del 62% de egreso, que es relativamente alto para la región aunque insatisfactorio para lo que pretendemos nosotros.

–¿Cuáles son los problemas más acuciantes en la escuela de hoy?

–Sigue siendo la problemática docente. Nosotros con el plan de 1300 en lo que va del gobierno de Cristina, hemos avanzado muchísimo en lo que hace a infraestructura. Para los sectores populares, lo fundamental es entrar rápido a la escuela. La diferencia al ingresar a la escuela es fabulosa entre el capital cultural de los pibes que vienen de clase media con padres profesionales y el chico que viene de sectores populares y que tiene una lengua materna distinta, como en el caso de los pueblos originarios. En el reportaje que le hice, Evo Morales decía que fue a la escuela por primera vez en Argentina, cuando el padre venía a la zafra. Y contaba que en la escuela decían: “Evito, ¡qué chico callado!”. “Y bueno –decía él– yo hablaba aymara.” El choque de capitales culturales de chicos más humildes, de riqueza lingüística, que está muy vinculada a la capacidad de abstracción y de planificación, es una ventaja o una desventaja considerable. Si vos mirás las estadísticas entre el 2001 y el 2010, notás que el crecimiento más grande estuvo en las salas de 3 y de 4. Nosotros pusimos todo en el Jardín. El programa de Lanata el otro día pasaba por unos jardines fabulosos para los chicos más humildes en las zonas más desprotegidas (que son mucho más caros que las escuelas porque una sala de jardín no puede tener más de 20 chicos).

–Argentina tiene más del 99% de los chicos escolarizados…

–Tenemos el 100% de chicos en la escuela primaria. Y para asegurar que esos chicos ingresen a la secundaria necesitás ir para abajo. Entonces la sala de 3 aumentó entre el 30 y el 50% y la sala de 4 aumentó hasta el 70%. Ningún país en 10 años hace una transformación de esa envergadura si no tiene una política muy dirigida. La primera infancia es el objetivo principal. Porque en la primaria tenés a los chicos en un 99% escolarizados. Y ese porcentaje lo tenés hasta los 15 años. Es altísimo. Tenemos que recuperar esa parte del final de la secundaria que se pierde, y construir abajo para darles a todos los chicos las mismas posibilidades. La igualdad de posibilidades se la damos ahí abajo; no la podemos conseguir arriba cuando tenemos una base tan despareja.

–¿La Argentina tiene que poner énfasis en una escuela que prepare para el trabajo o para que los chicos puedan seguir estudiando?

–A cada momento político le corresponde cierta función social de la escuela. En los ’80 (del siglo XIX) era la unidad nacional; el trabajo lo era en los años ’50. Hoy no hay una función social sino cuatro: la identidad nacional, la democracia, el respeto por la diversidad y la integración económico-social de acuerdo a capacidades y no al origen del chico. Cuando se dice que la escuela discrimina y desiguala es falso. Si la sacáramos, la sociedad sería mucho más desigual. Hoy en día, las competencias que se requieren para el trabajo, son muy similares a las competencias requeridas para la participación democrática o para seguir estudiando. Entonces esta cuestión por la que el trabajo no es sólo manual, sino que te exige capacidad de tomar decisiones, de ser creativos, de trabajar en grupo, son las mismas competencias que necesitás para seguir estudiando o para elegir un Presidente.

–¿Hay buena calidad de docentes? ¿Se puede aspirar a mejorar la preparación docente con el actual nivel de salarios?

–Con el actual nivel de salarios, sí. Con el que nosotros asumimos, no. Junto con el nivel socioeconómico de los chicos que ingresan, las condiciones del trabajo docente –incluido el salario– son el principal regulador de la calidad educativa. Si tenés una escuela-rancho con chicos bien alimentados y con capital cultural y un docente muy bien formado, van a aprender muchísimo, no necesitás tener computadora. Un factor no depende del gobierno, que es cómo entra el chico. Es verdad que Argentina tuvo una educación de excelencia hasta la década del ’60. ¿Qué pasaba? Para mujeres de clase media, que se independizaban de la familia, estudiaban y podían ir a trabajar, ser maestra representaba ser una figura prestigiosa. El salario docente empieza a deteriorarse luego no solamente por políticas de ajuste sino porque muchos chicos ingresan a la escuela. Entonces las chicas que antes elegían la carrera docente, pasan a elegir la universitaria. Y pasan a elegir la carrera docente con salarios más bajos aquellos que son primera generación que acceden a la educación superior. Y que vienen de una base de formación primaria más castigada.

–Entonces, ¿quiénes eligen la carrera docente hoy?

–Nosotros hicimos una investigación en Flacso donde preguntábamos cuál era la primera palabra que se asociaba con “maestro”. La respuesta fue “pobre”, de pobrecito, de que es un sacerdocio. Vos tenés que hacer que los mejores promedios quieran ser docentes. Ese es el secreto de Finlandia, por ejemplo. Entonces, cuando vos tenés una educación que está prestigiada con salarios muy altos, que realmente constituye en la sociedad un sector con un rango casi “estamental” –ya que es el que transmite el conocimiento porque tiene el saber, como era en la Antigüedad–, entonces claramente los mejores quieren ser docentes. Cuando asumimos en 2003, pusimos una beca para alumnos que tuvieran más de 8 y quisieran ser docentes. Les pagábamos toda la carrera y les dábamos un sueldo por mes. Pusimos 1500 becas y se anotaron 700. Hoy si bien el salario docente está lejos de lo que merecen, están mucho mejor.

–¿En general el docente es competitivo para esta realidad escolar?

–Un docente argentino es competitivo con cualquier profesional que se recibe en el país. Aparte han ganado estabilidad, tienen 120% de antigüedad cuando llegan a 20 años de ejercicio de la profesión. Así que si sos docente tenés una perspectiva de vida. Ahora, la LEN tiene un tema más que todavía no se implementó y que debiera hacerlo urgentemente: diferenciar la carrera docente en dos. Vos tenés los mejores docentes que muchas veces para ganar más quieren ser directivos. Y son malos, porque para ser directivo se necesitan capacidades de conducción y planificación. Y encima los sacaste del aula. entonces vos debieras tener un sistema donde el docente pudiera ascender dentro del aula. En Estados Unidos llama la atención la cantidad de masters; incluso algunos doctores están dando clase. Pero porque el sistema le permite no salir del aula. Y ahí lo quiero. Porque nadie puede transmitir una pasión que no tiene. Es distinto que te enseñe lengua alguien que tiene un master en literatura española. El tipo está enamorado de lo que estudió y lo quiere transmitir. En ese sentido, la LEN es una ley-programa, una ley para ir construyendo en base a un proyecto educativo a mediano y largo plazo. Por eso, machacar con que el 50% de los chicos no terminan el secundario –además de que es una cifra errada–, alienta el “efecto ajuste”: “¿para qué vas a invertir el 6,4% en educación si no pasa nada?”

–El martes pasado, hay una nota en Clarín que decía que no “cedía” la fuerte brecha entre ricos y pobres en educación.

–El cuadro de esa nota era buenísimo (ver: http://goo.gl/6nQ2o). Dividía en ricos y pobres, comparándolos con cuatro variables. En Computación, ricos 90%, pobres 67%. En Lengua Extranjera, 94% y 70%. En Idioma Extranjero, 43% y 21%. En la sociedad en general, unos tienen 100 y los otros tienen cero. La educación como política pública es mucho más igualadora que cualquier otra, porque si tomamos la acumulación de riqueza de los que más tienen respecto de los que menos tienen la relación es de 1 a 100. Pero si tomamos la acumulación de conocimiento de los que más tienen y de los que menos tiene ya no: en la escuela todos saben leer y escribir. La Unesco considera a un país libre de analfabetismo cuando tiene menos de un 2%. El analfabetismo en Argentina lo hemos bajado a 1,9%.

 

Entrevistas del Finde/La Trama Macabra del asesinato de Monseñor Angelelli : “complicidad civil y eclesiástica”

 

LUIS “VITIN” BARONETTO, BIOGRAFO DEL OBISPO ENRIQUE ANGELELLI/Estuvo preso durante la última dictadura y fue director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba. Ante el inicio del juicio por el asesinato de los curas Carlos Murias y Gabriel Longueville, inscribe esas muertes en la persecución general a la pastoral de Angelelli.

ESCRIBE ALEJANDRA DANDAN (Desde La Rioja)

Lo que sigue es la historia de los mártires de Chamical desde la mirada del biógrafo del obispo Enrique Angelelli. En la mesa de un bar, a metros de los Tribunales de La Rioja, Luis “Vitín” Baronetto le da al tema la dimensión que el juicio oral aún pelea: las muertes de Carlos Murias y Gabriel Longueville como parte de la persecución general a la pastoral popular del obispo. La apuesta por el uso colectivo de la tierra, el enfrentamiento con los terratenientes y lo que fue pasando en el resto del país con esos curas, son otros puntos en análisis. Baronetto estudió en el seminario mayor de Córdoba, estuvo preso entre 1976 y 1983, dirige la revista Tiempo Latinoamericano, fue director de Derechos Humanos de la Municipalidad de Córdoba y es uno de los impulsores como querellante del juicio por el asesinato de Angelelli, que se incorporó a la investigación paralela que llevó adelante la Iglesia. Vitín habla de todo eso, boina y bufanda mediante, y una compañera se acerca para decirle que baje la voz, convencida de que ese señor que está atrás, sentado en una silla, es uno de los espías riojanos que “todavía siguen estando”.

–¿De dónde venía Gabriel Longueville?

–Pertenecía a una organización francesa que nuclea a sacerdotes de cualquier diócesis, frailes o lo que sea, que quieren prestar servicio como misioneros en Africa, Asia o América latina. Angelelli había hecho un convenio con este instituto de misioneros franceses y tenía varios curas acá. Además de Longueville, había otro en Sañogasta que le dio la tierra a Wenceslao Pedernera (un laico del Movimiento Rural). Cuando fusilan a Wenceslao, el 25 de julio de 1976, después de los curas, para mí iban a buscar a ese cura francés.

–¿Por qué?

–Angelelli ya les había dicho que era mejor que se fueran porque veía venir la mano mal. Unos días antes, se fue Paco D’Alteroche, otro misionero francés que estaba en Chilecito. Se fue a Perú, donde lo hicieron obispo porque estaba en una zona donde nadie quería ir y de allá tuvo que rajarse porque entre los paramilitares y Sendero lo tenían acosado. Estos convenios eran por cuatro o cinco años, se podían renovar o no.

–¿Murias cómo llegó?

–Tiene otra historia. Era de la Congregación de los Conventuales, que no estaba en La Rioja, como sí estaban los Capuchinos, por ejemplo, de Antonio Puigjané, que tenían tres o cuatro parroquias desde el ’70 o ’71. Murias viene de un hogar que no es cristiano, es anticlerical. El padre fue legislador radical por el departamento Minas, en Córdoba, donde tenían campos, y el hijo le salió medio raro. Después de ir al liceo militar, de pronto entra en una vocación religiosa y termina con los Conventuales, a lo mejor pensando que llevaban una vida de encierro por el nombre, pero no era así. Los Franciscanos, los Capuchinos y los Conventuales son tres ramas de la congregación fundada por San Francisco de Asís. Murias estuvo trabajando mucho en Buenos Aires, a veces digo que su persecución pudo haber sido más por su actuación ahí que por lo hecho en La Rioja. En Buenos Aires estaba muy conectado con otros curas de las villas, entre los cuales el más conocido es Carlos Bustos, un capuchino de Córdoba que está desaparecido. Pero también había otros, algunos desaparecidos como Francisco Soares. Los curas de las villas eran distintos a los curas de las villas de hoy. Tenían una fuerte connotación política. No eran del Tercer Mundo, que casi había acabado en el ’74, pero era como la cola de eso. Eran los Cristianos por la Liberación, la estructura que Montoneros va a fomentar y algunos de estos curas la van a integrar. De Murias no tenemos información para asegurarlo, pero los que estaban con él como Carlitos Bustos estaban en Cristianos por la Liberación. Ahí también hubo otros desaparecidos o secuestrados, como Jorge Adur, que decían que era el capellán de los montoneros. Entonces, cuando a Murias le entra esta vocación religiosa ya tiene toda esta experiencia. Después se instaló en Suriyaco en La Rioja con los Hermanitos de Jesús.

–¿Quiénes eran?

–Allí estaba Arturo Paoli, uno de los seguidores de Charles de Foucauld, que primero se instala en los obrajes del chaco santafesino y después en La Rioja. Van a llegar curas y estudiantes a curas, entusiasmados con esta idea de opción por los pobres, haciéndose pobres. Allí estuvo por ejemplo el barrendero que secuestran en Buenos Aires, Mauricio Silva, que era salesiano y tenía otro hermano en Uruguay. Hay muchos desaparecidos. Entre ellos, un cura que estaba en Córdoba y militaba en el PRT, al que secuestraron y dicen que lo tiraron desde un avión en el viaje de Córdoba a Tucumán. Sin tener una opción política como congregación, la espiritualidad de ellos los llevaba a insertarse entre los pobres. A diferencia de los curas obreros que habían hecho una experiencia en Avellaneda con mucha fuerza, éstos no querían asumir roles de liderazgos gremiales pero sí alentar la organización, siendo uno más del montón. Igual ejercían una influencia fuerte en cualquier grupo por el nivel de preparación y convicción en cuanto a lo que había que hacer.

–¿Así llegaron a La Rioja?

–No son hechos aislados: no es que un cura de pronto se convenció e hizo tal opción. Fueron procesos más o menos colectivos, no iguales pero muy parecidos.

–¿Angelelli era una opción más en ese proceso?

–Con la diferencia, me parece, de que la opción es institucional, y fuerte. Es una diócesis. Las otras son órdenes religiosas, congregaciones, de un rango menor si vamos a hablar de jerarquías en la Iglesia. Angelelli es un obispo que hace la opción. No es el único; está Devoto en Goya, Brasca en Rafaela y De Nevares en el sur. Después del ’74, Hesayne y creo que después Novak. Hubo otros a medio camino. Pero acá es una opción institucional. Hay que buscarle la explicación a por qué tanta saña contra esta iglesia diocesana. Y, para mí, es porque Angelelli hace un buen trabajo en la construcción de una opción colectiva. No es él. Desde que llega, en 1968, los dos primeros años visita todos los pueblos en la estanciera que le regalaron los curas de Córdoba. En 1969 y 1970 se producen muchos encuentros pastorales. De curas; de curas y monjas; de curas, monjas y laicos; con gente que no es de la Iglesia como los directores del diario El Independiente, más bien de izquierda independiente, algunos marxistas. Discuten la realidad en base a documentos y líneas del Concilio Ecuménico, del Episcopado Latinoamericano de Medellín de 1968 y el documento de aplicación en Argentina de lo resuelto en Roma de mayo de 1969. Los curas masivamente se suman a ese proceso, salvo los más viejos que se van a ir rápido porque no lo comparten. Acá sólo queda Virgilio Ferreira, el viejito Ferreira, al que los terratenientes lo usan bien, como baluarte para diferenciar la Iglesia de Pío XII contra la Iglesia de Juan XXIII y Pablo VI. La Iglesia católica contra la Iglesia comunista. El hace un esfuerzo por colectivizar la opción, la llamaba “corresponsabilidad”; es una época en la que llegan muchos curas y monjas que estaban en conflicto con sus obispos, él los va aceptando pero les dice que primero hay que llenarse de mate la panza y poner el oído en el pueblo.

–¿Cuándo empieza la persecución?

–Mientras Angelelli consolida la “corresponsabilidad” en la opción por los pobres no hay demasiado problema. En 1971 y 1972 es cuando la acción tiene repercusión sociopolítica y empieza el conflicto fuerte. En marzo de 1972 apalearon al cura de Famatina, (el jesuita) Agüedo Pucheta a dos laicos, una patota del latifundio Huiracocha. En julio, se dan las primeras movilizaciones importantes de los campesinos de Anillaco y Codetral hacia La Rioja para instalar el tema de la expropiación a Azzalini. En agosto, la policía mete presos a dos curas de la capilla de La Ramadita, Antonio Gill y Enri Praolini. Los acusa de portar armas, uno era irlandés y lo vincularon con el IRA, y el otro había venido hacía dos días de Rosario. Porque uno era irlandés y el otro de apenas había llegado eran los más indicados para ser acusados de complicidad con la subversión; esa vez también detuvieron a un laico dirigente de la JP. En ese momento, Angelelli convocó a un acto llamando a un nuevo Tinkunaco, fuera de celebración tradicional y el gobierno lo prohíbe. El obispo hace una acción muy fuerte, quiere ir detenido con los curas y al final los liberan aunque les hacen un proceso medio trucho en el Camarón (la Cámara Federal Penal encargada de juzgar a los presos políticos). ¿Pero cuál era el objetivo de detenerlos si sabían que no estaban en ninguna organización armada? Era infundir miedo, decir que el obispo es marxista, no es católico, que su acción iba contra la identidad del pueblo y por eso Angelelli convoca al Tinkunaco para reafirmar la identidad riojana con contenido liberador.

–¿Cómo eran en ese momento las articulaciones políticas en la diócesis?

–A mediados del ’72 ya hay un desarrollo de la JP. Y es interesante ver los informes de la Comisión Provincial por la Memoria, porque muestra que los de la JP estaban trabajando vinculados con la pastoral diocesana. Por eso el obispo queda como la cabeza de la subversión en La Rioja, donde no había habido hechos de acciones armadas. A eso se sumaba el otro núcleo, que era el Independiente. Ahí estaba Plutarco Schaller, que era secretario general de la CGT de los Argentinos. Mientras tanto, en los Llanos (Chamical) hay un esfuerzo de organizar el sindicato minero en la Parroquia de Olta que estaba a cargo de los capuchinos. Al cura Eduardo Ruiz lo van a detener dos veces; la segunda, el 24 de marzo de 1976. Lo liberan cuando matan a los curas (Murias y Longueville), como para compensar. Angelelli va a reponerlo y celebra la misa ahí, el 28 de julio, 5 o 6 días antes de que lo maten. En esa parroquia tenía mucha fuerza la JTP, con el Negro Sosa que fue secretario general del sindicato de obreros mineros. También se organiza el sindicato minero en Famatina, pero lo interesante es ver quiénes participan: las organizaciones populares no son de la Iglesia; están alentadas, pero son de los trabajadores y en las reuniones están las monjas, los curas, los laicos y articulan con otros jóvenes, no todos participan de una organización política, más bien pareciera que no; hay maestros rurales y muchos terminaron presos. Se reúnen en jornadas de reflexión, lo que muestra un esfuerzo serio de organización popular. No iba Angelelli, estaba al tanto, pero ya andaban solos. Y por eso la represión va a alcanzar a todos estos sectores y esas acciones van a ser vinculadas con la pastoral diocesana.

La causa judicial

–¿Qué pasó con todo eso cuando matan a Angelelli?

–Hubo una gran dispersión. Muchas monjas se fueron. Anteriormente, Angelelli mismo había empezado a avisarles a los curas y en gran medida va a de- sarticularse todo.

–Cuando mataron a los curas, él ya creía que también iban a matarlo.

–Está en la causa y está la carta con los 37 puntos que denuncia en esa reunión con el Episcopado. Siempre digo que el Episcopado supo siempre todo, todo. Y después tomó la actitud que tomó y que quiso tomar.

–¿Le soltó la mano?

–Absolutamente, pero él lo dijo. Ofreció la renuncia. Dijo: si yo soy la causa de la persecución, yo me voy, que se ponga a cargo otro. Pero ni siquiera a eso tuvo respuesta. No se metieron ahí, ni para bien ni para mal. Esa es la actitud que tomó el Episcopado, lo mismo cuando le suprimieron las misas radiales la primera vez en ‘71: se pronunció todo el mundo en contra, menos ellos.

–¿Qué dice la Iglesia hacia adentro?

–Ahora hemos conocido un poco más porque vimos la investigación que la Iglesia incorporó al expediente judicial (ahora que es querellante en la causa). Al sepelio vinieron Pío Laghi y Primatesta, que tuvieron una entrevista protocolar con el coronel Pérez Bataglia, donde no dicen nada. Bataglia les informa del accidente. Cuando los curas les plantean sus dudas a los obispos, Primatesta les dice: “mejor es que nos quedemos con la versión del accidente para que podamos investigar nosotros”. Por supuesto no investigaron nada. Nosotros como querellantes ahora mandamos una carta al Episcopado informando de la causa, porque siempre dijeron que la Justicia no les dijo nada a pesar de que en el ’86, ya hubo una decisión. Todavía no nos contestaron pero la recibieron: les estamos pidiendo que se sumen a lo que exigimos, que es la pronta elevación a juicio. Y hacemos un reconocimiento por la actitud del obispo de La Rioja.

–¿Por qué cree que la Iglesia se presentó como querellante?

–Yo creo que el obispo decidió participar no tanto por iniciativa propia sino por el contexto, la ola general. Inicia un proceso de lavado. Pero con este gesto aportó el expediente paralelo, que era el que estuvo investigando la Iglesia.

–¿Se puede pensar una imputación para la iglesia?

–Hasta ahora hay 14 imputados, policías y militares de los cuales quedaron seis porque los otros están muertos. Todos son autores mediatos. Queremos que el juicio salga rápido porque se mueren en la impunidad, pero además porque hay que mostrar las complicidades civiles y eclesiales. Hay mucha documentación.

 

“Desde muy chica, Evita sentía indignación frente a la pobreza”

DIARIOCALCHAQUI. COM CON EL ESCRITOR NORBERTO GALASSO AUTOR DE "LA COMPAÑERA EVITA"

En esta nueva biografía, el renombrado historiador repasa la vida de Eva Perón: su infancia en Los Toldos y Junín, su crecimiento artístico y ascenso político, y su desaparición temprana, en el momento de su máximo esplendor.

A una semana de cumplirse el 60º aniversario de la muerte de Eva Perón, no son pocos los libros que acaban de editarse que trabajan sobre distintos aspectos de una de las figuras políticas más destacadas de la historia argentina.

Entre esos trabajos se cuenta La compañera Evita, del historiador Norberto Galasso, que intenta abarcar de manera biográfica la vida de la mujer que tanto fuera rebautizada como “abanderada de los humildes” o como “yegua”, dependiendo de que quien la mencionara simpatizara con ella o la aborreciera. Justamente la historia ha ido poniendo las cosas en su lugar.
Galasso, quien no se considera peronista sino un hombre de izquierda, traza su relato biográfico sin desatender la infancia, la adolescencia y la juventud de Eva, momentos en los que su vocación artística aún no le había hecho lugar a la mujer que marcaría la historia del movimiento obrero de su país, pero que ya mostraba indicios de su interés por las problemáticas sociales. “Se trata de una vida apasionante que viene de una niñez marcada sobre todo por tres datos importantes, tres limitaciones para su época: ser pobre, mujer e hija adulterina”, afirma Galasso. “Desde ahí se convertirá en una de las mujeres más poderosas de la Argentina, un camino duro que no le ahorró humillaciones”, completa el autor.

–A esta altura de la historia argentina, ¿es posible intentar entender a Eva Perón sin conocer esta etapa previa a su vida política?
–No, porque desde muy chica sentía indignación frente a la pobreza. Decía que cuando era chica pensaba que era natural que hubiera ricos y pobres, pero que alguien le dijo una vez (un obrero ferroviario) que había pobres porque había ricos. Es decir, que el germen de esa Evita ya estaba presente entonces.
–Es decir que su participación política es más de orden visceral e intuitivo, que de formación clásica como cuadro político.
–Yo transcribo un análisis que hace Rubén Dri. Dice que ella ni siquiera lee los clásicos socialistas, ni formula una consustanciación con la teoría de la lucha de clases, pero que en los hechos adopta una posición por la justicia social. Dirá que la raza de los oligarcas debe desaparecer y que en la Tierra hay explotadores y explotados. Es decir, está claramente alineada en una posición que puede ser llamada socialista, que proviene de su experiencia de vida. Por eso acaba convertida en el nexo entre Perón y los trabajadores.
–¿No puede pensarse que había en ella algo de resentimiento o revanchismo?
–Pero es lo mismo que si dijéramos que Marx era un resentido: todos los revolucionarios son transgresores, están en contra del orden constituido. En tal caso, habría que ver lo que dirían los psicoanalistas si analizaran a cada uno de los revolucionarios del mundo. En el caso de Evita hay una decisión de ponerse del lado de los obreros en el conflicto social.
–Siendo ella un nexo entre Perón y los trabajadores, ¿qué influencia tuvo su muerte en el destino del segundo gobierno?
–Influyó, pero no fue determinante como dicen muchos que nunca fueron peronistas (aunque yo tampoco lo soy), que se dedicaron a idealizar a Evita como revolucionaria y a Perón como soldado fascista. Lo ha dicho David Viñas, también Sebrelli. Pero más allá de esta apreciación falsa, la muerte de Evita coincide con un deterioro de la situación económica, por los efectos que va teniendo el Plan Marshall que deja a la Argentina bastante descolocada. El problema fundamental que encuentra Perón tras la muerte de Eva es su necesidad de alguien que lo siga proveyendo de información precisa del mundo del trabajo, porque él no podía estar en la Casa de Gobierno y en el Ministerio de Trabajo al mismo tiempo.
–¿Qué cree que aporta su libro?
–Tal vez no haya una novedad, pero sí una interpretación que no es la común. Según creo, la gente del Frente Obrero (el sector de la Izquierda que apoyó a Perón en el ’45) hace una caracterización correcta del peronismo, como un movimiento obrero amplio, policlasista y nacional, donde el líder expresa a diferentes sectores sociales. Dentro de esa tradición ubicamos a Evita como puente de Perón con los trabajadores, es decir la interpretación contraria al fanatismo de cierta derecha peronista que la sacraliza hasta casi convertirla en una santa. No estoy de acuerdo con eso ni con aquello otro de que Evita representa la izquierda del movimiento y Perón a la derecha. Evita no estaba en condiciones ni tenía intención de crear un partido a la izquierda de Perón. Ella era fanática incondicional de Perón, lo dice en cada uno de sus discursos, que eran de adoración.


Kelo Brizuela autocrítico : “No estamos haciendo lo suficiente “

El viceministro de salud, Oscar Brizuela, expresó al PRIMER DIARIO DE POLITICA DE CATAMARCA  la necesidad de que la institución para tratar pacientes con adicciones, se ponga en funcionamiento el Humaraya lo antes posible. “Creemos que en seis o máximo siete meses ya va a estar funcionando”.

Brizuela  insistió que es fundamental contar con este centro contra las adicciones. “Hoy en la provincia no se está haciendo mucho por los pacientes con estos problemas y es por eso que necesitamos que el centro funcione lo antes posible”.
Si bien, la creación del “Humaraya”, causó malestar en los vecinos y hasta se dudo de su puesta en funcionamiento, desde la Subsecretaría de Salud, confían en que finalmente funcione como estaba previsto.
“Creemos que en seis o siete meses ya va a estar funcionando el centro, hoy es de vital importancia para poder trabajar con paciente adictos, aunque como siempre decimos, lo más importante es la prevención. Si hacemos una buena campaña de prevención, vamos a evitar que el número de pacientes siga creciendo”, señaló Brizuela, quien además contó que “por el momento, se está tratando a los pacientes con adicciones, en los hospitales generales y si bien se tomaron muchos psicólogos y los mismos médicos se están preparando, no es lo óptimo y debemos crecer y perfeccionarnos”.

Angel Mercado : ” la crisis industrial la generó el FCyS”

El ministro de Producción, Ángel Mercado,responsabilizó en diálogo con el PRIMER DIARIO DE POLITICA DE CATAMARCA  a la gestión del FCS por la crítica situación económica que atraviesan las industrias locales, que se declararon en crisis por la baja en la productividad y competitividad en el mercado externo.

El ministro aseguró que son situaciones que se podrían haber previsto, si no se hubiera descuidado la inversión productiva privada.

“Hoy estamos pagando facturas de decisiones económicas que no se tomaron, porque no es que se equivocaron: directamente no hicieron nada”, disparó. Al analizar la situación de Tileye, Alpargatas y otras empresas textiles complicadas financieramente, Mercado consideró que las falencias en el sector energético fueron un factor determinante en la pérdida de productividad.

“Durante 23 años las empresas no pudieron aprovechar los picos de demanda, porque la opción que tenía el operador de energía eléctrica era: o le daba energía a los hogares o a las industrias”. Y remarcó que este año, por primera vez, el área industrial El Pantanillo cuenta con una central eléctrica propia, y a fin de año tendrá una estación transformadora y una línea energética.

El funcionario también se refirió al traslado de la línea de producción de la empresa Arca SA, que envasaba en esta Capital los productos de Coca Cola, y reiteró su argumento en contra del FCS al asegurar que la oportunidad de intervenir y evitar el cierre fue hace tres años, cuando la firma analizaba dónde invertir en una nueva línea de embotellado.

“Se dejó la inversión en manos de mecanismos de incentivos fiscales nacionales y no se hizo nada más”, disparó.

“Tenemos que acompañar las consecuencias en nuestras industrias para reconstruir en una estructura diferente, menos dependiente de incentivos fiscales que no manejamos y poniendo en valor las oportunidades que tenemos”. Mercado propuso el incentivo a la actividad agroindustrial, “contamos con alimentos que tienen alta demanda y excelente precio en todo el mundo. Es increíble que en Catamarca no produzcamos la carne vacuna que consumimos, tenemos un mercado interno que está consumiendo bienes de afuera”.

También cuestionó el freno impuesto en cuatro años a la generación de nuevos proyectos mineros.

“Muy distinto hubiera sido si contáramos con emprendimientos mineros; lamentablemente nos toca a nosotros administrar esta crisis, llegamos al Gobierno sabiendo que esto podía pasar” dijo.

El ministro también se refirió al sector olivícola, al señalar que la industria está afectada por factores en los que ni la Provincia ni la Nación tienen posibilidades de intervenir, ya que está supeditada a los movimientos del mercado externo.

Explicó en este marco que España (principal productora de aceituna en el mundo) tiene un sistema de subsidios que afecta a la actividad en el país.

“Hay factores que exceden lo que pueda hacer la Nación. Cuando España subsidia el olivo, todo lo que viene después tiene un costo de producción tan bajo que hace que sea imposible competir en el mundo. El negocio de la producción no es la renta productiva sino el subsidio del Estado”, argumentó.

En Argentina, explicó, no se implementa esa política, porque el modelo kirchnerista decidió “subsidiar la educación y profundizar las políticas de inclusión”. “Este modelo decidió invertir para terminar con las asimetrías sociales”, abundó.

Finalmente, dijo que se tendrían que haber aprovechado los excedentes mineros que se gastaron en los municipios, porque “estas crisis que vienen de afuera no fueron previstas en la provincia, y en el momento de las vacas gordas cuando había excedentes financieros se lo gastaron en nombramientos masivos”.

 

Los últimos días del General Perón

Carlos Seara, uno de los médicos que atendió al presidente Perón en sus últimas semanas de vida, revela  al PRIMER DIARIO DE POLITICA DE CATAMARCA detalles de aquella agonía en la que el líder justicialista dejaba de ser el personaje todopoderoso capaz de dominar la política argentina durante las tres décadas anteriores para pasar a ser un mito.

Un Perón vulnerable, dependiente, vencido, como cualquier otro enfermo terminal, dejando de lado el mito para recuperar su dimensión humana, es el que aparece en la memoria del doctor Carlos A. Seara, para quien el líder justicialista (cuyas remembranzas, sin querer, lo envuelven hasta el día de hoy), decididamente, no fue un paciente más.

Seara es un cardiólogo infantil de sólidos y prestigiosos antecedentes profesionales. Identificado con el Hospital Italiano, en el que trabajó por muchos años, su formación va desde el Research Fellow en Cardiología Pediátrica en el afamado John Hopkins Hospital de Baltimore, entre 1971 y 1972, hasta su papel como coordinador general del Servicio de Cardiología Infantil del Fleni, y de presidente, en la actualidad, de Aural S.A (Organización Pediátrica Cardiovascular).

Sin embargo, a este destacado profesional, de pelo claro y risado, y un tono de hablar pausado, levemente irónico, todos esos notables logros de una prolongada carrera no le permiten olvidar a un paciente muy especial que debió atender hace casi treinta años, en el período crepuscular del peronismo en el poder durante la década del setenta. Fue entonces, durante los últimos meses de la vida de Juan Domingo Perón, cuando el destino quiso que, junto con otros jóvenes y brillantes médicos del Hospital Italiano, se le encomendara la casi imposible misión de mantener con vida al viejo caudillo de la política argentina.

El doctor Seara nació el 17 de marzo de 1945 en Lomas de Zamora. Su familia no se caracterizaba precisamente por sus simpatías hacia el justicialismo, pero él tuvo sus primeros contactos con el fenómeno peronista en el colegio, donde se formó al respecto en su memoria un cóctel que incluye la obligada lectura de La Razón de mi vida de Eva Perón, las campañas contra el agio y la especulación, las amargas quejas familiares por el congelamiento de alquileres comerciales y, finalmente, la voz del mismo Juan Perón, tronando desde la radio el 31 de agosto de 1955 para anunciar que “cuando uno de los nuestros caiga, caerán cinco de los de ellos.”

Al preguntársele si aquel entorno familiar decidídamente “gorila” no fue un obstáculo para integrar el equipo médico que vigiló la deteriorada salud de Perón durante los últimos tiempos de su vida, Seara aclara: “No, yo tengo la idea de que era precisamente al revés. Más bien, le diría que era mejor que no fuéramos peronistas. Siempre tuve la sensación de que para ellos era mejor, más aséptico, que, como médicos, no perteneciéramos al movimiento y no tuviéramos prurito alguno si, por ejemplo, había que canalizar o tomar medidas drásticas con el enfermo. Para nosotros, Perón era simplemente un paciente, no un objeto de reverencia.”

Pero nos estamos anticipando en el tiempo.

Seara, tras recibirse de médico en la UBA y especializarse en cardiología, marchó al Hospital Johns Hopkins, de Baltimore, donde permaneció entre 1971 y 1972, un período en el que la influencia de la contracultura y la generación de Woodstock llegaba hasta las salas del prestigioso centro de salud, donde los médicos se movían con sandalias y usaban el pelo largo atado en colita, mientras el aroma de marihuana invadía algunos corredores. Un tiempo, además, en el que la discriminación racial se hacía sentir todavía con toda dureza. “Mi técnico, que trabajaba conmigo cuando practicábamos cateterismo, era negro -recuerda el médico- y nos hicimos buenos amigos. El me invitaba a fiestas en las cuales el único blanco era yo.”

Seara, al que jamás le interesó la política, recibió durante su estadía en los Estados Unidos los primeros indicios de que se estaba gestando la vuelta de Perón a la Argentina, así como los sangrientos partes que daban cuenta del crecimiento de una ola terrorista en su país. Ya de regreso a la Argentina, conoció a su futura esposa, María Graciela “Lila” Chiappara, también médica, con la que decidieron casarse en los primeros meses de 1974.

Mientras tanto, Domingo Liotta lo contactó cuando se empezaron a suceder episodios graves en la salud de Perón, ya en la presidencia del país. “La salud de Perón -aclara Seara-, que estaba muy comprometida cuando volvió de España, se fue agravando. El 18 de noviembre de 1973, casi se muere sin tener un médico al lado, y tuvieron que salir con los autos de la custodia a conseguir uno, trayéndose, a falta de otro, a un ginecólogo que se encontró a Perón en medio de un episodio de edema agudo de pulmón.” Así, Pedro Cossio (con cuyo hijo, destacado médico también y llamado igualmente Pedro, Seara mantiene una larga amistad), Domingo Liotta y los otros grandes profesionales que eran, además, amigos personales de Perón, organizaron un equipo médico para vigilar la salud del líder. Se habían armado unas pequeñas unidades coronarias. Una estaba en la quinta de Olivos, otra en la Casa Rosada y una tercera era prácticamente móvil. Contaban con defibrilador, un equipo de monitoreo telemétrico y una máquina de electrocardiógrafo. El equipo cardiológico del Hospital Italiano, además de Seara, estaba integrado por otros jóvenes y brillantes médicos: Alberto Tamashiro, Angel Carlos Scandroglio, Guillermo De Elizalde, Arturo Miguel Cagide, Carlos Garbelino y Raúl Luis Cermesoni. Los facultativos mantenían una guardia permanente junto a Perón, en la Casa Rosada y en la casa de Gaspar Campos (hasta la posterior mudanza a la quinta de Olivos). Cada profesional hacía guardia una vez por semana, además de las rotativas de los domingos.

Tostadas con Perón

“Yo lo conocí a Perón todavía en Gaspar Campos – recuerda Seara-, el 1° de enero de 1974. En un principio no le habían dicho que estábamos de guardia por él, aunque nos movilizábamos a todos los lugares a los que iba en los coches de la custodia. Ese día, yo estaba de guardia y me lo veo venir. Se ve que al final le habían dicho lo del médico de guardia y vino a saludar. `Feliz año nuevo, doctor´ -me dijo-. Fue una conversación cordial, bastante banal. Yo estaba desayunando y Perón agarró una tostada y me preguntó: `¿Le pongo un poquito de dulce, doctor?´. Imagínense ustedes, tenerlo a Perón haciéndole las tostadas a uno, no lo podía creer.” Muy hábilmente, según aclara el facultativo, una vez que el caudillo comprendió que se lo vigilaba médicamente, rompió el hielo con los profesionales que lo hacían para que pudieran atenderlo sin tener que perder el tiempo en explicaciones o presentaciones.

Seara recuerda a un Perón muy envejecido, con el rostro manchado, el pelo muy negro, azabache, “tirante, como si fuera un indio”, negando enfáticamente que lo tuviera teñido. En su opinión, el líder justicialista mantenía intacta una cortesía proverbial, acompañada siempre de un guiño cómplice en la conversación, puntuada con expresiones simpáticas, campechanas, claro, hacia las personas que buscaba agradar. Para con el resto, mantenía una actitud distante, casi despectiva. “Más bién -señala Seara-, Perón era un tipo distante, un fóbico, un individuo que ponía distancia. No se dejaba ni rozar por la gente de la calle. Nosotros lo tocábamos con la mano, pero claro, éramos como una aristocracia para él. Además, estaba siempre rodeado de obsecuentes, incluso de gente inteligente, como he visto yo, señores ministros o funcionarios importantes que, en presencia de Perón, reducían su capacidad intelectual a cero y quedaban anulados al lado suyo. Había excepciones, claro, como el doctor Jorge Taiana, el doctor Domingo Liotta y, sobre todo, el ministro José Ber Gelbard, que siempre me pareció que tenía cierta autonomía personal y no se eclipsaba ante Perón.”

Ya en la quinta de Olivos, el médico veía más habitualmente todavía al caudillo justicialista, porque como estaba preparándose para casarse acumulaba más guardias de lo habitual. Muchas veces Perón lo tomaba del brazo y lo invitaba a caminar por el jardín. “Me hablaba de Evita con cariño -rememora- y empezaba a largar sus definiciones. En una ocasión me dijo: `Mire doctor, mire lo que es la vida. Yo no vine aquí a ser presidente, vine a residir en la Argentina, ser figura de consulta, vivir tranquilo, ser referente y ocuparme de la macropolítica, y que Cámpora gobernara. Ahí seguí el consejo de Evita, que siempre me decía que Cámpora era la persona más leal que teníamos. Pero fíjese lo que pasó, Cámpora se dejó copar por los zurdos. Así que yo, que no vine a ser presidente, ahora tengo que hacerme cargo de este quilombo´.”

Seara señala que Perón era generalmente despectivo cuando hablaba de otros líderes políticos del momento, tanto de los internacionales, como De Gaulle o Lumumba (cuyos errores remarcaba siempre impiadosamente), como de los nacionales (al respecto, el médico recuerda alguna expresión insultante proferida contra Alvaro Alsogaray). Sólo mantenía un respetuoso silencio hacia la figura del general Alejandro Agustín Lanusse, lo que para él casi constituía un elogio.

Censura

En varias ocasiones, el médico fue invitado por Perón a ver cine en la residencia de Olivos. “Yo estuve presente cuando vio `La Patagonia Rebelde´. Ahí mismo, a la salida del cine de la residencia, dijo: `Fue así la represión en el Sur, pero la tengo que censurar, porque no se puede dar esa imagen del Ejército precisamente en este momento´. También vimos juntos `La aventura es la aventura´, con Alain Delon.”

Para el doctor Seara, la misma agenda presidencial, con sus entrevistas, sus viajes (como el penoso periplo que en sus últimos días lo llevó al Paraguay, periplo que el médico compartió) y sus revistas militares (aunque algo restringidas para Perón) minaron aún más la salud del mandatario. Su entorno, además, tenía una actitud contradictoria ante su salud. Por un lado sentía que debía cumplir con sus funciones protocolares (algo muy peligroso para su bienestar), mientras que, al mismo tiempo, había un sentimiento de inmortalidad de Perón, y nadie a su alrededor quería pensar seriamente en la posibilidad de su muerte. “Así -aclara el médico-, yo tenía casi la orden, que violé cuando debí hacerlo, de no canalizar a Perón, ni efectuarle procedimientos invasivos.”

Seara aclara que Perón, como paciente, “era obediente, miedoso. Se cuidaba cuando le prohibíamos alguna comida. Pero ya había llegado a la Argentina muy jugado. Yo tuve acceso a su historia clínica, que era casi un libro. Tenía de todo: un incipiente cáncer de próstata, pólipos y estaba enfisematoso. Tenía un poco de insuficiencia renal. Básicamente había una serie de combinaciones funestas: enfisema, insuficiencia cardíaca, cardio-esclerosis, insuficiencia renal leve. Aun si no le hubiera tocado gobernar, seguramente sólo hubiera vivido uno o dos años más.”

Lo sabe muy bien Seara, al que le tocó sacarlo de un grave percance clínico precísamente el sábado previo a su muerte (que fue el lunes 1° de julio de 1974). En esa ocasión, Perón padeció un edema agudo de pulmón cuando Seara, que estaba de guardia -acompañado por el doctor Jorge A. Taiana-, se vio obligado a practicarle una canalización, única vía segura para darle la medicación y sortear la crisis, mientras que un Perón muy inquieto y angustiado “literalmente se desarmaba”, quejándose de que no podía respirar.

A veces, aun dentro de la dramática situación que tenía en vilo al país, había espacio para el humor negro. “Después del episodio del edema de pulmón -agrega el médico-, Perón no tenía una cama ortopédica. Dormía en una cama francesa con un cabezal de lecho matrimonial, que no era lo más apropiado para la ocasión. Cuando usted tiene un enfermo cardíaco, debe colocarlo en una posición semisentada. Así que estando de guardia con el doctor Arturo Miguel Cagide -tras la crisis del edema hacíamos guardia de a dos-, le dije que teníamos que conseguir unos tacos de madera para inclinar la cama y ponerlo a Perón semisentado. En eso estábamos cuando la cama se nos escapó y se deslizó bruscamente. A Perón se le cruzó el cable del suero, se le cayó la almohada y entonces, erguido, confundido, dijo con su voz grave, gastada (que Seara imita a la perfección): `¡A la mierda, se cae la cama!´. Era un verdadero grotesco.”

La muerte del faraón

Claro que más tensión aún esperaba a Seara el 1° de julio de 1974, el día de la crisis terminal que puso fin a la vida del caudillo, cuando luego de tres horas de intentos vanos por reanimarlo, finalmente, perdieron a su paciente. El médico recuerda la constante presencia de un personaje crucial, José López Rega. “Bueno, yo lo conocí muy bien, a veces almorzaba conmigo, primero en Gaspar Campos, y luego en Olivos. No tuve la impresión de que interfiriera en el tema médico. Conmigo, su trato era un tuteo muy familiar, muy campechano, aunque claro, a veces llegaban las referencias esotéricas en la conversación y las revelaciones extrañas: `Voy a escribir un día un libro de medicina que te va a dejar sorprendido´, solía decirme.” En el final, recuerda Seara, el día del paro cardíaco que acabó con la vida de Perón, López Rega quemaba incienso alrededor de los médicos que realizaban frenéticos esfuerzos por salvar a su líder, al que llamaba con unción: “mi faraón, mi faraón”. “Yo le puse a Perón un catéter-marcapaso y dio la impresión de que el paciente retomaba un poco el ritmo cardíaco, un falso atisbo de esperanza, yo diría una hora de resucitación. Entonces, López Rega me llamó a un cuarto aparte, me tomó del brazo y me dijo: `Si lo sacás, te hago conde´.”

Concluyendo acerca del momento justo en que Perón comprendió que se acercaba el fin, Seara aventura: “Yo creo que desde el sábado en el que lo sacamos del edema agudo de pulmón se dio cuenta de que se terminaba todo. El mismo día de su muerte, el 1° de julio, tuvo la sensación de que perdía el conocimiento. La enfermera, Norma Baylon (también del Hospital Italiano), lo escuchó decir: `Esto se acabó´.” .